"Él lo que hizo es convertir la corte en un comando de campaña, porque estaba todo televisado para Bolivia. (...) Le estaban hablando a Bolivia, no le estaban hablando a la corte", afirma el ex legislador y ex embajador chileno Jorge Tarud, tras analizar la primera jornada de alegatos bolivianos en La Haya.
Publicado el 20.03.2018
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En febrero de 2016 Evo Morales tuvo un duro golpe. Ese día el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia reveló que el 51,31% de los ciudadanos se oponían a su cuarta reelección como presidente, a pesar de que, en principio, la constitución boliviana solo permitía dos mandatos consecutivos. Sin embargo, el Tribunal Constitucional de ese país habilitó de igual forma la reelección de Morales para los comicios, que se celebrarán en 2019, y en las que intentará extender su mandato hasta el 2025.

Es por eso que, durante las casi tres horas en las que Bolivia expuso sus alegatos ayer en la Corte Internacional de Justicia en La Haya, con la finalidad de que se le obligue a Chile a negociar una salida soberana al Océano Pacífico, Evo Morales estuvo presente. Un hecho inédito, ya que nunca un presidente había asistido anteriormente a un juicio, y que expertos internacionales consultados por “El Líbero” calificaron no solo como una manera del gobernante boliviano para ejercer presión, sino también como una oportunidad para buscar la aprobación para su reelección.

“Él lo que hizo es convertir la corte en un comando de campaña, porque estaba todo televisado para Bolivia. (…) Le estaban hablando a Bolivia, no le estaban hablando a la corte”, afirma el ex legislador y ex embajador chileno Jorge Tarud, y explica que el hecho de que asista Morales puede jugarle en contra, ya que podría ser interpretado como una presión política, aunque reconoce que si bien puede no favorecerle como estrategia en la corte, sí le puede ayudar en su reelección, y “a él lo que le importa es su reelección”, afirma. Así también, la profesora de derecho internacional de la Universidad de Concepción Paulina Astroza cree que no debe ser “cómodo” para los jueces de la Corte Internacional que por primera vez un jefe de Estado esté sentado delante de ellos en un juicio.

La victimización de Bolivia

“Bolivia se recuperó de los traumatismos de la guerra, pero no se recuperó de la amputación de todo su litoral (…) Estar privado de litoral, significa para este país someterse a daños económicos catastróficos”, expuso ayer Monique Chemillier-Gendreau, miembro del equipo jurídico boliviano. Además, en los alegatos el país altiplánico calificó la Guerra del Pacífico como “una guerra sangrienta con intenciones demoledoras extremas”, se argumentó que el acceso al mar se trata de una promesa incumplida, y que se trataba de una “injusticia histórica”.

Así, los argumentos presentados por Bolivia en el que fue el primer día de alegatos orales fueron interpretados como parte de una estrategia que apuntó al factor emocional, en los que se utilizó un tono más bien fuerte y se intentó presentar a Bolivia como víctima.

“Yo no veo una gran diferencia con el alegato anterior, salvo que desvirtuaron aún más la historia todavía, presentando mapas, y hablando de invasión. Quien declaró formalmente la guerra a Chile fue Bolivia, y en segundo lugar ellos tenían un pacto secreto con Perú (…) Ellos han jugado siempre a la víctima; lo que a mí no me gusta es que esta corte no falla 100% conforme a derecho, sino que también tiene un componente de equidad. Por eso yo hace cinco años pedí que nos retiremos del pacto de Bogotá, que nos obliga ir a La Haya. Piden un fallo de justicia, pero el derecho es el derecho, los tratados son los tratados, se tienen que respetar”, dice Jorge Tarud.

De hecho, también Paulina Astroza afirma que lo que hizo Bolivia fue presentar su propia interpretación del contexto histórico político de cómo ocurrieron los hechos, y sostiene que se presentaron como víctimas, utilizando un lenguaje duro y argumentando abuso por parte de Chile, para que la Corte considere este tipo de elementos cuando ellos hablan de justicia y equidad.

La polémica por Antofagasta 

“La CIJ, en el fallo sobre la controversia Perú y Chile, determinó el 27/01/2014 que “al momento de su independencia, Perú y Chile, no eran estados vecinos, porque entre los dos países se encontraba Charcas”, y desde 1825 es Bolivia. Antofagasta fue, es y será territorio boliviano”, escribió Evo Morales ayer en su cuenta de twitter, lo que encendió una polémica en el país, y generó una reacción del Presidente Sebastián Piñera, que le respondió por la misma vía “Una vez más se equivoca el Presidente Morales, y además, contradice abiertamente la tesis de Bolivia en La Haya. De acuerdo al Tratado de 1904, Antofagasta ha sido, es y seguirá siendo chilena”.

Este mensaje por parte del mandatario boliviano generó interpretaciones y dudas con respecto a cuál es el real objetivo que busca el país vecino al demandar a Chile ante La Haya, abriendo el planteamiento de que en el futuro podría existir un intento de ese país para obtener el control de la ciudad portuaria.

“Ese mensaje entra en contradicción con la propia tesis que ha tratado de sostener Bolivia ante la corte internacional. (…) Han sido bastante ambiguos en decir que lo que ellos quieren es un territorio, porque si hubiesen dicho eso directamente en la corte hubiese sido incompetente”, dice Astroza, y explica que el país vecino ha tratado de evitar el tema, lo que quedó en evidencia en los alegatos preliminares. 

“Es una provocación, y no solo eso, siempre he señalado que la próxima demanda será por Antofagasta. Ellos son capaces de pedir la devolución de Antofagasta y van a buscar una fórmula que no sea con el Tratado de 1904, porque ahí esta claro. Igual como lo han hecho ahora, han evitado mencionar el tratado, y dicen que es una obligación negociar”, señala Tarud.