La Asociación de Funcionarios de Carrera del ministerio de RR.EE. asegura que sigue este caso con atención y preocupación. La decisión sobre el futuro del embajador Lillo (cercano a la DC) recae en el subsecretario Edgardo Riveros.
Publicado el 08.01.2016
Comparte:

El pasado 15 de noviembre la Presidenta Michelle Bachelet viajó hasta Filipinas para participar de la XXIII Cumbre de Líderes de la Apec. A su arribo la esperaban varias autoridades de ese país como la embajadora de Filipinas en Chile, Consuelo Puyat-Reyes; el alcalde de la Ciudad de Pásay, Antonio Calixto; el canciller Heraldo Muñoz; y, curiosamente, el embajador de Chile en Israel, Jorge Montero. Quien no estaba presente era el embajador de Chile en Filipinas, Luis Lillo Benavides, hecho que llamó profundamente la atención, sobre todo, tratándose de una visita oficial presidencial. Fue Montero quien se encargó de recibir a la Mandataria y de hacer las veces de embajador en ese país.

Mientras la Presidenta realizaba su visita de Estado a Filipinas, el embajador Luis Lillo estaba en Chile desde hacía un par de semanas, debido a que enfrentaba una investigación por una serie de denuncias en su contra por supuesto maltrato laboral. Esa fue la razón de que se le “llamara a informar”, como se conoce la figura en que un diplomático debe viajar obligatoriamente a su país de origen.

Estaba previsto originalmente que Lillo permaneciera en Chile entre el 30 de octubre y el 23 de noviembre, sin embargo, su estadía se prorrogó hasta el 1 de diciembre. Luego se alargó hasta el 21 de diciembre. Fuentes que conocen el caso explican que su llamado a informar fue una “medida de precaución” para que su situación no empañara la visita de Estado de la Presidenta y evitar posibles situaciones incómodas con el personal diplomático de la embajada, que era el titular de las denuncias en contra del embajador.

De hecho, fuentes ligadas al caso, afirman que desde Presidencia se pidió que el diplomático no estuviera presente en la visita de Bachelet, por lo que se le llamó a informar justo en esa fecha. De esta manera, el embajador retomó sus funciones el pasado 1 de enero.

Fue en junio de 2014 cuando Lillo Benavides fue designado por Bachelet como embajador de Filipinas; en ese momento se desempeñaba como Director de Política Multilateral. Lillo cursó estudios de derecho en la Universidad Andrés Bello, es egresado de la Academia Diplomática Andrés Bello y cuenta con estudios de relaciones internacionales en la Universidad de Chile, según dice en el sitio web del Ministerio de Relaciones Exteriores. Ha sido embajador de Chile en Siria y Nueva Zelanda.

A pesar de haber asumido en 2014, a mediados de 2015 se conocieron las primeras denuncias en su contra, según explican quienes han seguido de cerca el caso. Fue el 15 de octubre de 2015 que los funcionarios de la embajada de Filipinas enviaron una carta, escrita en inglés, dirigida al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, denunciando algunas actitudes de maltrato del embajador. Da cuenta de castigos, humillaciones y una serie de actitudes arbitrarias por parte del embajador Lillo hacia los funcionarios, a quienes les repetía constantemente frases como “acá la gente es estúpida e ignorante, y eso se debe a la falta de educación y de comida”.

La misiva, a la cual tuvo acceso “El Líbero”, dice que “el personal de la Embajada de Chile en Manila, Filipinas, ha experimentado encuentros degradantes con Luis Fernando Lillo Benavidades, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario”, y agrega que “el Embajador menciona constantemente y abiertamente sus comentarios e insultos al pueblo filipino y cree que el pueblo filipino ya sea del sector privado o de los trabajadores del gobierno son demasiado negligentes por no darle un tratamiento de 5 estrellas”.

Además, dice que “hay días en que él siente que no merecemos nuestra hora de almuerzo y él tiene la osadía de decirnos cuando se nos permite comer, durante 15 minutos y luego asumir de inmediato las responsabilidades del trabajo”. Finalmente, los funcionarios afirman que “el personal ha trabajado para el jefe de la misión un poco más de un año, pero todo el mundo ha llegado a nuestro umbral de la angustia. Esperamos que usted pueda considerar nuestras quejas y tener simpatía en nuestro estado de ánimo” (Ver carta completa al final de la nota)

Dos semanas después, el Padre Luis Eduardo Zapata Fuenzalida, quien lleva 12 años como misionero en Filipinas, le envió una carta dirigida directamente a la Presidenta Bachelet por esta misma situación de Lillo Benavides. El sacerdote le escribió quince días antes que la Mandataria llegara a Filipinas en el marco de la Cumbre Apec, para ponerla en conocimiento de este tema. Esto, debido a que los funcionarios de la embajada tomaron contacto con él para pedirle ayuda.

“Le escribo esta carta de modo urgente, ya que me parece que Ud. debe estar informada antes de su llegada a Filipinas de una situación que requiere de inmediata solución“, dice la carta, y agrega que “ellos hablan de permanentes tratos degradantes e inhumanos, humillándolos constantemente y diciéndoles que no son capacitados para tener la posición que tienen, que no saben hacer las cosas del modo que él quiere y permanentemente les manifiesta que el problema es que no saben pensar. Cuando las cosas no salen del modo y en los tiempos que él quiere, se enoja con el personal y a veces no los deja almorzar a la hora que todo empleado tiene por ley aquí en Filipinas o les dice que en vez de irse a sus casas a las 4 de la tarde, los deja hasta las 8 o 9 de la noche a modo de castigo”.

Además, dice que “el personal dice escuchar permanentemente  el desagrado del Embajador hacia Filipinas y su gente, cosa que los ofende profundamente. Un acontecimiento que me pareció también inaceptable es un hecho que pasó con uno de los cinco choferes que ha tenido desde julio de 2014 el auto oficial de la embajada. A uno de ellos, cuando murió su padre no lo dejó ir al entierro. Eso me parece algo aberrante”. (Ver carta completa al final de la nota)

 

Asociación de Diplomáticos de Carrera (ADIC): “El embajador Lillo debería terminar pronto sus funciones “

Ante este escenario, el Ministerio de Relaciones Exteriores inició la investigación sobre el caso y está trabajando en un sumario administrativo, el que debería estar listo durante las próximas semanas, según indican quienes han seguido de cerca el caso. Una de las sanciones que podría recibir si la investigación sumaria es en su contra, sería la destitución de su cargo según indican fuentes que conocen el caso.
Sin embargo, la medida no sería tan significativa considerando que los funcionarios de carrera jubilan a los 65 años y el embajador de Filipinas cumplió esa edad el pasado 5 de enero de 2016, pero el Ministerio se ha caracterizado por mantener a los diplomáticos en sus cargos por 3 o 6 meses más luego de alcanzar su edad límite.
En el caso del embajador Lillo Benavides, independiente del resultado de la investigación sumaria, la idea del gobierno es mantenerlo en su cargo sólo hasta fines de este mes, según indican influyentes fuentes ligadas al ámbito de la diplomacia. De esta manera, el diplomático terminaría sus funciones los últimos días de enero y volvería a Chile.
Como Asociación de Diplomáticos de Carrera conocemos de estas denuncias, es un caso que hemos seguido de cerca y con bastante preocupación. De comprobarse los hechos denunciados por los funcionarios locales y diplomáticos de esa embajada, esperaríamos de las autoridades la máxima sanción.  Como ADICA rechazamos cualquier tipo de comportamiento de los funcionarios de las embajadas, que atente contra la dignidad de las personas y vulnere el prestigio de nuestro país”, explica a “El Líbero” el presidente de la Asociación de Diplomáticos de Carrera (ADICA), Fernando Salas
 
Salas afirmó que han estado en permanente contacto con las autoridades del Ministerio sobre el tema, quienes han reiterado que hay una investigación sumaria en curso y que se espera el resultado en los próximos días. “Tenemos entendido, en todo caso, que el embajador Lillo debería terminar pronto sus funciones, ya que de continuar la política aplicada hasta ahora respecto a la renuncia de los embajadores de carrera que cumplen 65 años, medida que ADICA respalda, el embajador debería dejar sus funciones en el corto plazo”.
Desde el entorno del canciller, confirman a “El Líbero” que a pesar de que la investigación sumaria no esté cerrada, Lillo volverá a fines de enero a Chile y no seguirá en su cargo como otros diplomáticos a quienes le extienden su período por algunos meses. Según dicen fuentes ligadas al proceso, el gobierno estaría buscando una “salida elegante” para esta situación. Además, afirman que existen los elementos suficientes para que deje el cargo, las denuncias concretas, y  su ausencia en la visita de Bachelet a Filipinas, lo cual fue leído como una “señal potente” en cancillería.

Carta funcionarios filipinos

Carta Padre Luis Eduardo Zapata Fuenzalida

Carta parte 1

 Carta parte 2Carta parte 3