El candidato republicano logró lo que parecía impensable y ya está recibiendo saludos como Presidente electo de los Estados Unidos, luego de que Hillary Clinton lo llamara por teléfono para reconocer su derrota en la elección más cruda y polarizante en mucho tiempo.
Publicado el 09.11.2016
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La inesperada victoria de Donald Trump, mucho más que una simple alternancia en el poder de demócratas a republicanos, redibuja por completo el mapa político de la nación, al menos en el corto plazo, y obliga a replantear muchas cosas que se daban por sentadas en la democracia norteamericana, entre ellas la supuesta imposibilidad de que alguien sin experiencia alguna de servicio público —civil o militar— ocupara la más alta magistratura.

Pero primero obliga a dar explicaciones a muchos actores, empezando por las encuestas, que consistentemente le dieron ventaja a la postulante demócrata hasta horas antes de la votación. En forma similar a lo ocurrido con los sondeos que anticipaban una derrota del Brexit en el Reino Unido, todo indica que las mediciones de opinión no lograron calibrar correctamente la intensidad del descontento de un amplio sector del electorado con el establishment político y su convicción de que sólo mediante un cambio profundo impulsado desde los ciudadanos se pueden corregir sus defectos. Las encuestadoras tendrán que explicar por qué se equivocaron tan rotundamente y, también, por qué habría que creer sus pronósticos en el futuro.

Pero no sólo ellas deben explicaciones. La cúpula republicana tendrá que explicar cómo llegó a la Presidencia el primer candidato al cual su propio partido le dio la espalda en el tramo final de la campaña, y cómo se relacionará de ahora en adelante con su inesperado líder. La cordial conversación telefónica de anoche entre Paul Ryan, el presidente republicano de la Cámara de Representantes, y Trump, puede señalar un nuevo comienzo.

La campaña de Clinton deberá explicar cómo pudo perder la contienda ante un rival sin experiencia política y que había alienado, se suponía, a más grupos de electores que cualquier candidato anterior a la Presidencia: latinos, mujeres, musulmanes, inmigrantes en general, jóvenes universitarios, empresarios y otros.

El Partido Demócrata tendrá que explicar por qué fue incapaz de imponerse tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, a pesar de tener en sus filas al actual Presidente y de contar con una candidata teóricamente mucho mejor preparada profesional y políticamente para asumir el gobierno de la primera potencia mundial.

Los equipos editoriales de los principales medios de comunicación, dentro y fuera de Estados Unidos, deben una explicación por la sorpresiva victoria del postulante al que virtualmente todos ellos pidieron a sus audiencias no darle los votos que lo convirtieran en el Presidente #45.

Y salvo pocas excepciones, como Vladimir Putin, también tendrán que explicarse en alguna medida muchos líderes extranjeros que no escondieron sus preferencias por Clinton durante la larga campaña estadounidense.

He aquí algunos elementos que sirven para entender el remezón político de anoche.

-Los mismos votantes blancos que en 2008 pusieron en la Casa Blanca al primer hombre negro en la historia del país no apoyaron en igual número a quien hubiera sido la primera mujer Presidenta.

-Varios estados con base industrial como Pensilvania o Michigan (donde todavía están contando votos) que tradicionalmente habían votado a los demócratas dieron un brusco vuelco y apoyaron a Trump, incluso en lugares que antes habían preferido abrumadoramente a Barack Obama, como Wisconsin.

-Las intensas polémicas que provocaron los insultos de Trump a diversos grupos, especialmente las mujeres, no parecen haberle restado votos en la hora decisiva. Trump obtuvo, según encuestas a boca de urna, el 42% del voto femenino.

-Lo mismo pasó con el auge en la participación de los votantes latinos, quienes no lograron que su repudio al candidato que los denostó de diversas maneras durante la campaña inclinara la balanza en su contra. En todo caso, el 29% de los latinos habría votado por Trump.

-Tampoco la revelación de prácticas empresariales y negocios cuestionables a lo largo de su trayectoria afectó significativamente al magnate inmobiliario, aunque probablemente le traigan problemas una vez que asuma el cargo.

-Ídem con la desconfianza hacia Trump que manifestaron claramente los mercados financieros internacionales y el mundo de Wall Street, que ya están dando algunas señales de inquietud por el resultado electoral de anoche.

-Trump sí consiguió capturar el voto de la derecha religiosa. Se estima que el 82% de los evangélicos blancos votó por él, quizás más motivados por su rechazo a Hillary Clinton que por su adhesión al abanderado republicano.

-Los republicanos conservaron el control de la Cámara de Representantes y del Senado, con lo cual quedan en posición inmejorable para brindar apoyo político a su nuevo líder, a pesar del repudio hacia él que manifestaron muchas de sus principales figuras.

-La victoria del empresario sacó a la luz con gran efecto a un importante electorado que para ambos partidos había permanecido invisible. Esos votantes encontraron en Trump a un “afuerino” dispuesto a sacudir los cimientos de Washington y su clase política, y a bajar a las elites de sus pedestales, así como un campeón que promete defenderlos frente a los peligros de la globalización en materia de comercio, inmigración y seguridad nacional.

-El resultado es una enorme derrota para el actual Presidente, Barack Obama, quien se jugó a fondo por la candidatura demócrata en un esfuerzo por hacer perdurable su legado. El triunfo de Trump y la mayoría republicana en el Congreso amenazan con deshacer buena parte de lo conseguido por el actual Mandatario, incluyendo su principal legado doméstico, el plan de reforma a la salud.