Ingrid Bohn dice que quienes defienden la reforma educacional buscan "aniquilar la imagen" de la presidenta de la Confepa.
Publicado el 06.11.2014
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Votó por Michelle Bachelet y dice que se sorprendió al ver la propuesta de su Gobierno en materia educacional. Hasta 2011 manejaba una pequeña empresa de pastelería en Temuco. Sin embargo, el proyecto enviado en plena administración de Sebastián Piñera que ponía fin al lucro, del cual una de las precursoras era la senadora Lily Pérez entre otros parlamentarios de la oposición de ese entonces, motivó a que junto a Erika Muñoz y Silvia Pastén conformaran la Confederación de Padres y Apoderados de Colegios Particulares Subvencionados (Confepa). Es la historia de Ingrid Bohn, la secretaria de uno de los movimientos protagonistas de la discusión.

En un bus camino al Congreso para reunirse con el senador Ignacio Walker, Ingrid, quien cuenta que tuvo que dejar de lado sus labores de madre para “luchar por la educación de sus hijos”, relata que la misión en estos días es ser escuchados en la Cámara Alta. “Hemos estado en contacto con ellos y le hemos agradecido, por ejemplo, al senador Carlos Montes que haya salido diciendo que la Confepa no es la UDI. Eso es bueno para nosotros, para desmarcarnos un poco de todo este tema”, explica.

Según comenta la dirigenta a “El Líbero”, la marcha de la Confepa, realizada el 25 de octubre, marca un antes y un después en el movimiento. Incluso afirma que quienes defienden la reforma educacional han llevado a cabo un intento de “femicidio”, de asesinato de imagen con la presidenta de la confederación, Erika Muñoz.

– ¿Cómo han sobrellevado las críticas que han surgido respecto a la Confepa?
– Las críticas que han surgido contra la Confepa son un ataque ideológico, político, hacia la Confepa y hacia la persona de Erika, quien lidera todo esto. Para nosotros esto partió prácticamente con la marcha, fue tan masiva que muchos de los sectores que se creían dueños de la calle se vieron tocados. Nunca se imaginaron que esa cantidad de papás y mamás pudieran salir a las calles. Y hemos tenido que salir a hacerlo, porque esto ha sido un diálogo de sordos y sentimos que no hemos sido escuchados. Hablamos con muchos diputados cuando el proyecto estuvo en la Comisión, pero sentimos que no fuimos escuchados. Por lo tanto, nuestras vidas hoy consisten en hablar con los senadores, organizar otras citaciones, otras manifestaciones…

– ¿Por qué menciona específicamente a Erika? ¿Qué sienten cómo movimiento que ha ocurrido con ella?
– Nosotros creemos que esto es un intento de “femicidio”, de aniquilamiento de imagen. No se dan cuenta que esto es un movimiento social dirigido por tres mamás. Erika, por ser la presidenta, le toca a ella, pero nosotros somos apolíticos. Esto es un liderazgo que salió en torno de la defensa de nuestros hijos. Iniciamos esto pensando en defender la educación de nuestros hijos, sin ningún afán ni fin político, para nada, y si esta reforma hubiese sido implementada en el gobierno anterior, de derecha, habría sido la izquierda la que hubiese estado en contra de esto. Esto es un tema que ellos lo tomaron políticamente, pero aquí no nos han dejado hacer las cosas y no hemos sido escuchados. Al atacar a Erika, nos atacan a cada una de nosotras por igual.

– ¿Usted habla de femicidio?
– Sí, para mí eso es. Quieren matar la imagen de ella, quieren aniquilar la imagen de Erika, porque ella ha sido la cara visible de todo esto.

– ¿Quiénes cree que han sido los precursores de todo esto?
– Las personas que defienden tanto esta reforma… Además de gente, jóvenes que a lo mejor sin ser papás, sin ser mamás, no saben cuánto esta reforma nos puede afectar a nosotros, a la clase media de este país. Ellos hablan mucho de educación gratuita, está bien, pero mientras el Estado no logre poner la plata que pueda colocar para que una educación sea realmente de calidad e inclusiva, por qué no nos dejan a nosotros pagar, para seguir aportando por la educación de nuestros hijos. Hoy día el Estado dice “ya, yo le voy a poner la plata”. Sin embargo, ellos, el ministro y todos los parlamentarios que apoyan esto,  sí pueden aportar $300 mil por la educación de sus hijos. Por qué esa diferencia, ese es el tema.

– ¿Cuál ha sido el costo para ustedes, y para Erika, de haberse metido en esta campaña en contra de la reforma?
– El costo ha sido muy grande, emocional, el costo de dejar a nuestros hijos, nuestros quehaceres y que nos involucren en algo político cuando esto para nosotros no es política. Nos duele que nos digan que esto es un tema político. Nosotros estamos por un tema de nuestros hijos, de defender la educación que nosotros elegimos libre y soberanamente, y porque vemos que esta mala reforma sí va a afectar la educación de Chile. Nosotros no luchamos tampoco por los hijos de los colegios de los sectores particulares subvencionados, luchamos por los niños en general, por la educación en general. Si van a poner $100 mil que los pongan para todos los niños por igual. No que hayan diferencias, cómo las va a haber.

– ¿Han recibido presiones políticas?
– No, no creo. Las presiones las sentimos en esto, en que están atacando a Erika de una manera impresionante, por las redes sociales, tratando de aniquilarla, de intentar un verdadero femicidio, o sea, quieren matar la imagen de ella. Eso es en realidad. El liderazgo que ella tiene. Pero hay más gente, nosotros tenemos coordinadores a nivel nacional de Arica a Punta Arenas, estamos defendiendo nuestros derechos y estamos alineados todos por igual.

– ¿Ha perjudicado este trato a Erika Muñoz la campaña de la Confepa?
– Nosotros estamos muy cohesionados y unidos. Nos preocupamos de que esto no pase a mayores. Creíamos que en este país este tipo de cosas habían terminado. Por ejemplo, que a Erika la ataquen por las redes sociales, que hablen de pensión de viudez, dónde tiene sus hijos. El otro día fue a un foro y un parlamentario le enrostró en la cara y le dijo “usted tiene a sus hijos en tal parte”; sabían todos los datos. Y eso sí intimida, asusta.

FOTO: MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO