En entrevista con “El Líbero”, el diputado que lideró a la oposición en el duelo con el gobierno por el tema de la gratuidad, revela lo que se ganó y lo que se perdió en el proceso.
Publicado el 24.12.2015
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“No fue fácil ir al Tribunal Constitucional”, comenta el diputado de la UDI y miembro de la comisión de Educación de la Cámara, Jaime Bellolio a “El Líbero”, minutos después de haberse despachado la ley corta de gratuidad que se inciará en 2016. Y es que Bellolio, fue quien lideró al interior de la oposición el duro duelo por la gratuidad que se inició con el requerimiento presentado ante el Tribunal Constitucional (TC), sobre la glosa de gratuidad en la educación superior impulsada por el gobierno.

Hoy, justo a un mes desde que Bellolio junto a 30 diputados de Chile Vamos presentaran el recurso ante el organismo, el diputado de la UDI afirma estar conforme tanto con el fallo como con la aprobación de la ley corta de gratuidad, que se despachó ayer con 92 votos a favor, dos en contra y una abstención.

En conversación con “El Líbero”, el diputado que lideró las conversaciones y negociaciones con el gobierno para ingresar el artículo transitorio que incluye a los Centros de Formación Técnica (CFT) e Institutos Profesionales (IP) al régimen de gratuidad, realiza un detallado balance del primer debut de Chile Vamos como nueva coalición opositora y analiza lo que se ganó y lo que se perdió durante el intenso proceso de tramitación.

“Uno ve que hay una verdadera Cámpora, dentro de los adherentes de la Nueva Mayoría, a quienes no les interesan los argumentos, no les interesan las razones, sino que solamente les interesa ofender, amenazar”, dice, y agrega que “la lucha que nosotros hacíamos era justa. Y fuimos al TC a defender un principio esencial, que es que no podía haber discriminación arbitraria a los estudiantes vulnerables”.

Con respecto a las diferencias de opinión que se evidenciaron en la oposición, afirma que “nos hemos ido coordinando más y ya se está instalando esta nueva cultura, de que es necesario ponerse de acuerdo para tener posiciones conjuntas (…) fue un buen debut, un debut que no fue fácil, que implicó mucha conversación, mucha discusión, pero que al final nos pusimos de acuerdo y eso me deja personalmente muy contento”.

Además, Bellolio explica cómo será la implementación de esta ley en la educación superior. “Las universidades pueden voluntariamente acogerse a este sistema de gratuidad, y aquellos que no se adscriban sus estudiantes siguen manteniendo sus becas y sus créditos. Eso es esencial para cautelar esa autonomía de la institución. Algunas de las universidades hacían el cálculo entre ese arancel regulado, que no estaba bien hecho, y el arancel real y se daban cuenta que había una diferencia importante. Entonces, uno entiende que esta haya sido una política transitoria, pero si ésta es la política que quiere fijarse en el largo plazo, hay que tener mucho cuidado respecto a esto mismo”.

-Se aprobó finalmente la ley corta para la gratuidad 2016. Ustedes presentaron el requerimiento ante el TC que detonó esta modalidad de nueva ley. ¿Cuál es el balance que realiza la oposición? 

-No fue fácil ir al Tribunal Constitucional. Porque obviamente, sabíamos que íbamos a tener al frente una acción orquestada de denostación y de violencia política, tal como sucedió. Uno ve que hay una verdadera Cámpora dentro de los adherentes de la Nueva Mayoría, a quienes no les interesan los argumentos, no les interesan las razones, sino que solamente les interesa ofender, amenazar. Hay un grupo de esta verdadera Cámpora que lo quieren hacer es botar el país, botar la casa y construirla de nuevo sin una habitación para la gente que piensa distinto a ellos. Y esa no sólo es una actitud  anti republicana, sino que totalmente antidemocrática. La lucha que nosotros hacíamos era una justa. Y fuimos al TC a defender un principio esencial, que es que no podía haber discriminación arbitraria a los estudiantes vulnerables.

-Que es lo que falló el TC. 

-Y eso es algo en que el TC nos da la razón, y que el fallo lo deja muy claramente definido. Por eso, en esta ley corta, el único triunfo que hay es para los estudiantes vulnerables, porque se dice que usted no puede tratarlos de manera diferente, y eso quedaba claro entre las universidades y no quedaba claro con los CFT y los IP. Y se establece una fórmula de progresividad; pero no una fórmula como dicen ellos, que eso estaba claro porque lo dijo la Presidenta. Eso no vale nada, vale lo que dice la ley. Y lo que dice la ley hoy es que en tres años va a haber un trato equivalente a los estudiantes en cuanto a sus ayudas estudiantiles, entre los CFT y los IP. Y ése es un triunfo muy importante para esos estudiantes y para un principio esencial de las políticas públicas.

-Entonces, ¿usted tiene un buen balance pese a todo?

-Claramente sí. Pero ciertamente ha tenido costos personales y otros, pero se termina asentando un principio muy relevante.

-El día lunes los diputados de Chile Vamos de la comisión de Hacienda votaron a favor del proyecto del gobierno tal como estaba. Al día siguiente hubo tres votaciones diferentes en el bloque. ¿Cómo se explica esta descoordinación? 

-En primer lugar responde a que el gobierno nos obliga a legislar a “matacaballo”, lo cual hace imposible tener tiempo de reflexión, de una mirada más crítica y profunda de los propios proyectos, de manera que el propio  gobierno también se equivoca. Insólitamente el proyecto que ponen el lunes dejaba fuera a las universidades del Cruch porque estaba mal escrito. Y eso significa para el gobierno un desafío doble. Primero, hacer los proyectos técnicamente bien y segundo, de dar tiempo para una real deliberación. Y es obvio que Chile Vamos es una coalición diversa, y así tiene que ser, yo creo que eso es una riqueza y estamos haciendo todos los esfuerzos humanos posibles para que así sea. Y nos hemos ido coordinando más,  ya se está instalando esta nueva cultura, de que es necesario ponerse de acuerdo para tener posiciones conjuntas.

-¿Fue un buen o un mal debut de Chile Vamos a casi una semana de su lanzamiento como nueva coalición?

-Fue un buen debut, un debut que no fue fácil, que implicó mucha conversación, mucha discusión, pero que al final nos pusimos de acuerdo y eso me deja personalmente muy contento.

-Según expertos constitucionalistas, esta ley sigue siendo de “dudosa constitucionalidad”. 

-Precisamente. Por esto era tan importante este artículo transitorio que impulsamos y que logramos que se incorporara (sobre la opción de los CFT y los IP a la gratuidad en un plazo de tres años). De lo contrario, no era posible para nosotros aprobar la ley corta, porque se incurría flagrantemente en el incumplimiento del fallo. Y nosotros respetamos el fallo, por supuesto que sí, porque representaba un principio muy relevante. Todos los proyectos de ley tienen interpretaciones diferentes, el tema es que no haya diferencias arbitrarias.

-La derecha se ha opuesto a la gratuidad como principio y han defendido la autonomía de las instituciones. Sin embargo, esta ley le otorga un amplio poder al Estado sobre las universidades. ¿Cómo se explica que la hayan terminando aprobado?

-Aquí la caricatura de la Nueva Mayoría es impresionante. Lo que hemos dicho siempre es que volvamos al sentido común, que no sea la plata lo que deje afuera a los estudiantes de la educación superior. Por tanto, siempre, desde que yo fui presidente de la FEUC, nunca he cambiado mi discurso, gratuidad para los estudiantes más vulnerables. ¿Cómo se puede llegar a esa gratuidad? A través de múltiples vías, la más obvia y evidente es a través de becas aquí y en la quebrada del ají. Cosa que además, queda asentado con este mismo proyecto, donde habrá estudiantes que alcanzarán la gratuidad efectiva, copago cero, a través de becas, y ésa es una cuestión que le molesta mucho a la izquierda. Otra cosa distinta es la gratuidad para los más ricos, en lo que yo nunca he estado de acuerdo, porque me parece que es regresivo y por lo tanto injusto. En tercer lugar, puede el Estado poner reglas, pero esas reglas tienen que ser proporcionales y objetivas. Y ahí está la caricatura de la izquierda. No es cierto que nosotros hayamos dicho que tenga que existir una anarquía con respecto a la regulación de las instituciones, es obvio que no, tú requieres una regulación razonable.

-Entonces, ¿cuál la fórmula que plantean ustedes?

-Nosotros queremos un sistema razonable, proporcionado y objetivo, y si vamos a poner una vara de calidad, que esa vara de calidad puedan llegar a superarla todos. La diferencia que tenemos con ellos, es la siguiente, es que ellos quieren una homogeneidad entre instituciones, es decir, que todas sean idénticas, impuestas bajo la mirada del gobierno de turno. Al gobierno le molesta la diversidad de la sociedad, y para mí es lo contrario. Las instituciones deben ser autónomas y diversas y el Estado debe someterse a la diversidad de la sociedad y no al revés. Ésa es la pelea de  fondo del proyecto de ley larga: cuáles son las condiciones objetivas y proporcionales para garantizar la calidad, el buen uso de los recursos de todos los chilenos, pero que al mismo tiempo permiten la autonomía y los proyectos educativos diversos de esas instituciones. Ésa es la pelea de largo aliento, y yo veo que con el fallo y con este proyecto, nuestras ideas se ven respaldas, en cuanto a que no puede haber tratamiento desigual de los estudiantes vulnerables.

-¿Cómo ve la implementación de esta ley teniendo en cuenta los déficits financieros que han dado a conocer las universidades? 

-Las universidades pueden voluntariamente acogerse a este sistema de gratuidad, y aquellos que no se acojan sus estudiantes siguen manteniendo sus becas y sus créditos. Eso es esencial para cautelar esa autonomía de la institución. Y algunas de las universidades hacían el cálculo entre ese arancel regulado, que no estaba bien hecho, y el arancel real y se daban cuenta que había una diferencia importante. Entonces, uno entiende que esta haya sido una política transitoria, pero si ésta es la política que quiere fijarse en el largo plazo, hay que tener mucho cuidado respecto a esto mismo. El gobierno parte asumiendo que las instituciones cobran precios que se alejan del costo real y parten con una mirada de desconfianza, como presumiendo abuso. Cuando uno lee el borrador del proyecto de ley, no sólo técnicamente es muy malo, sino que además ideológicamente está pensando en una lógica universitaria que ya pasó; no es la lógica de futuro sobre las universidades.

 

FOTO: AGENCIA UNO