Sergio Bustos fue citado a declarar en enero porque en su computador encontraron 35 fotos de niños a medio vestir. Se trata de imágenes familiares en que aparecen sus hijos cuando eran chicos. “En algunas salen desnudos, corriendo por el patio de la casa mientras mi señora los manguereaba”, dice.
Publicado el 09.02.2016
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El 8 de enero de 2016, 11 meses y dos días después de que su demanda en contra de la empresa Caval -de propiedad de Mauricio Valero y de la nuera de la Presidenta, Natalia Compagnon– apareciera en la revista Qué Pasa desatando, de paso, la crisis más grande que ha debido enfrentar el gobierno de Michelle Bachelet, Sergio Bustos Baquedano concurrió a la Fiscalía Local de Rancagua a declarar. “Yo pensé que era algo relacionado con el caso Caval”, señala a “El Líbero”, pero al llegar al lugar y preguntar a un funcionario sobre la razón de la citación, la sorpresiva respuesta lo dejó atónito: le dijo que la fiscal que lo había mandado a llamar sólo veía temas relacionados con violaciones, pornografía y violencia intrafamiliar.

De inmediato pensó que esto podía tratarse de una trampa de las personas vinculadas a Caval, empresa para la que trabajó tramitando el millonario crédito del Banco de Chile para la cuestionada compra de los ya célebres terrenos de Machalí.

Entró a la sala, la fiscal le ordenó que se sentara y le disparó a quemarropa. “Usted está compareciendo como imputado por pornografía infantil”. Al escuchar esas palabras, a Bustos se le “hundió la tierra”, como él mismo dice. “Supe de inmediato que mis sospechas eran ciertas; se me cayó la guardia. Primero me demandaron por violación a los derechos humanos por supuestamente facilitar medios para la muerte de un señor mirista –ver nota en que Valero trama involucrarlo en el caso– y, ahora, seguía la historia con el tema de la pornografía infantil. En esos minutos, que me parecieron eternos, pensé que me habían efectuado un tremendo montaje y ya me veía entre rejas”, señala.

Se defendió con firmeza, negó la acusación y la fiscal le dijo que en su computador –que fue objeto de pericias a raíz de las investigaciones del caso Caval- habían encontrado fotos de niños a medio vestir. Acto seguido, se las mostró. “Me pone frente a una pantalla y empiezan a aparecer las fotos, una tras otra. Se me salió el alma del cuerpo ya que eran de mis hijos cuando estaban más chicos. En algunas aparecían desnudos, corriendo por el patio de la casa mientras mi señora los manguereaba. En otras aparecen tirándose a la piscina de la casa y saliendo en traje de baño, etc. Esa era la pornografía infantil por la que estaba acusado y en calidad de imputado”, sostiene Bustos.

“Le manifesté a la fiscal que son mis hijos y mi señora, que son fotos personales, que se encontraban en mi computador, que son de álbumes familiares de toda mi vida con todos mis hijos, y que en el computador había más de 10 mil fotos. Le señalé que esas fotos, que en total son 35, las puse en una carpeta especial denominada ‘Privadas’, ya que no quería que fueran vistas por personas ajenas al grupo familiar. Es más, los niños siempre me pedían que las borrara pero, como eran únicas, las dejé”, cuenta a “El Líbero”.

La fiscal escuchó su historia y le dijo que necesitaba corroborar su versión. Bustos respondió que su señora podía hacerlo. Pero la fiscal no quedó conforme. Pidió que además de su esposa, fueran a comparecer sus tres hijos, incluido uno que actualmente tiene 12 años.

“En cuanto llegué a mi casa en Chillán me puse a revisar la carpeta ‘Privada’ con las 35 fotos que me habían mostrado y, mi hijo menor, sale en dos fotos sentado en una pelela totalmente vestido. Si por esto debo llevar a mi hijo y exponerlo a la Fiscalía, creo que el mundo está al revés”, dice Bustos.

Ese mismo día le entregaron las citaciones (ver al final de la nota) para su esposa y sus tres hijos para que acudieran a dar su testimonio en calidad de “testigos” el 20 de enero. En los documentos se señala en letra negrita que “la no comparecencia injustificada del citado, dará lugar a que sea conducido por medio de la fuerza pública, sin perjuicio de las sanciones y multas que sean procedentes”.

Así que el 20 acudió toda la familia a declarar y reaccionaron molestos ante los requerimientos de la fiscalía. Primero entró su hijo de 18 años, al que le preguntaron si su padre lo había manoseado alguna vez. Luego su hija de 21 años y finalmente su hijo de 12. “Los abogados que consulté me dijeron que por ser menor de edad él debía declarar con un psicólogo presente y uno de sus padres, en este caso la madre, ya que el inculpado era yo. Pero no fue así. Lo hicieron comparecer solo ante la fiscal. Todos me dicen que esto es inaceptable, pero así fue”, cuenta Bustos.

En ese sentido agrega: “¿No defienden tanto los derechos de los niños?, ¿Que estos son intocables y tienen toda la protección del Estado?, ¿Por qué los míos no tienen esas garantías?; ¿Será porque su padre trabajó en Caval?”.

Finalmente, señala: “No sé en que terminará esta nueva arista, pero creo que el abuso es muy grande. Por colaborar con la investigación del caso Caval me he visto muy perjudicado este último año”.

Citaciones

Citación1

Citación2Citación3Citación4