Marco Antonio Ponce, un investigador experto en conflictividad y Derechos Humanos, es quien está detrás de una de las organizaciones venezolanas sin fines de lucro que desde una pequeña trinchera y con un equipo de 11 personas, ha logrado entregar cifras fidedignas sobre las manifestaciones y los resultados de la represión durante el gobierno Nicolás Maduro. En esta entrevista hace un análisis sobre las protestas que se han efectuado en su país.
Publicado el 06.07.2017
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El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) es una de las organizaciones venezolanas sin fines de lucro que desde una pequeña trinchera y con un equipo de sólo 11 personas, ha logrado entregar datos sobre las manifestaciones y los resultados de la represión durante el gobierno Nicolás Maduro, y parte de la era de Hugo Chávez, en un país en que la cifras oficiales en estos temas no existen. Nace en 2010, como un centro de investigación ligado al mundo académico y, en las marchas continuas que se han observado desde el pasado 1 de abril, se ha transformado en la base de datos fidedigna para ver la evolución de las protestas.

A cargo del OVCS está Marco Antonio Ponce, un investigador con más de 10 años de experiencia en conflictividad y Derechos Humanos que se tituló en bibliotecología en la Universidad Central de Venezuela. “Por la carrera que estudié siempre me he pasado en la documentación y de allí he tratado de dar mis aportes de fortalecer lo que es la documentación en el ámbito de los DDHH, y he tratado de llevar esas herramientas a todos los terrenos relacionados”, cuenta. Por eso, en la página del OVCS hay distintas formas de visualizar todos los datos que han resultado de estos meses de protestas. Por ejemplo, hay un mapa en el que se puede ver quiénes han sido los 108 muertos contabilizados hasta ahora en las manifestaciones de este año. Están con nombre, apellido, edad y lugar del suceso, datos que se pueden revisar aquí.

Hay otras visualizaciones de datos, que en la organización llaman Sistema de Información Geográfico de Conflictos (SIGCO), como los casos de saqueos y la cantidad de periodistas privados de libertad, entre otros. Todo se puede ver pinchando aquí. Además, realizan distintos informes. El último, que fue publicado el pasado 30 de junio, registra 2.675 manifestaciones desde el 1 de abril hasta el 19 de junio de 2017, equivalente a 33 protestas diarias y precisan que “en la caracterización de estos 80 días de manifestaciones destacan las protestas nocturnas, un aspecto novedoso en comparación con las modalidades de protestas registradas en los últimos años”. También detalla que la violencia y represión inició de manera sostenida desde la activación del Plan Zamora, el pasado 18 de abril, que anunció Maduro, y se agudizó con la activación del Plan Zamora en una segunda fase, anunciada por el Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, casi un mes después.  El plan promueve y consolida acciones conjuntas de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB), Policía Nacional Bolivariana (PNB) y Civiles Armados, dándole facultades inconstitucionales para actuar en el control de orden público o en cualquier otro ámbito que decidan es de su interés.

“El Gobierno de Maduro ahora se sostiene a través de la fuerza, eso ha quedado demostrado y de aquí al 30 de julio (fecha en que se votará por la propuesta de la Asamblea Constituyente) las movilizaciones van a continuar, es lo que nos permite inferir las decisiones del Ejecutivo. Si se aprueba la Constituyente, las movilizaciones van a continuar y con mayor condena, porque el país entero rechaza esa propuesta. Lo que vemos es que el gobierno va para adelante, no creo que exista alguna otra posibilidad y van a seguir pasando cosas incompresibles como lo del helicóptero. Probablemente las protestas sean mucho más masivas, y el gobierno seguirá tratando de aplacarlas. Veremos una agudización de todas las cosas, el tema de los saqueos va a continuar porque hay sectores del gobierno que promueven esa acción y ahí se mezclan varias cosas como el hambre, el vandalismo y la impunidad, y como estamos en un momento donde no hay respeto al estado de derecho, entonces es un panorama difícil”, resume el coordinador del OVCS a “El Líbero“.

— ¿Cómo realizan la recolección y confirmación de datos en el OVCS cuando los mismos entes estatales no han realizado seguimiento de estas situaciones?

—  El Observatorio desde 2011 viene documentando toda la situación de la conflictividad de la protesta en Venezuela con mucha rigurosidad y ciertamente es todo un esfuerzo porque cada vez hay menos posibilidades de acceder a algunas fuentes, digamos, las tradicionales. Por ejemplo, hace algunos años el seguimiento significaba hacer una revisión de prensa impresa y eso ha ido variando. Actualmente el seguimiento se hace con fuentes vivas, en algunos casos. En el caso de las protestas se usa otra metodología, que es el seguimiento de medios digitales, información de organizaciones sociales, sindicatos y universidades que nos han permitido ir construyendo el índice de protestas. Hablando ya de la metodología, es importante destacar que si bien ahora estamos cerca de las 3.000 protestas, siempre decimos que hay un subregistro muy grande porque desde el Observatorio se hace un esfuerzo muy grande como sociedad civil para intentar mapear el país y por eso nosotros siempre hablamos de tendencia, ponemos énfasis que es una tendencia, porque esa información nos permite inferir hacia dónde va la conflictividad, en el sentido de los conflictos en desarrollo y los conflictos en ciernes, y si se pudiese presentar algún conflicto.

— ¿Cuál es la principal comparación que se puede hacer con las protestas de 2014 (que fue otro año de fuertes manifestaciones)?

— Fíjate que en 2014 era otra la dinámica social y política en Venezuela, había una crisis fuerte pero no era tan aguda como ahora. La ingobernabilidad y las divisiones políticas no eran tan graves como ahora, pero en 2014 se contabilizaron más protestas que las que hemos visto hasta ahora en 2017. Por ejemplo, el saldo final del año 2014 fueron 9.200 manifestaciones, y hasta ahora este año llevamos cerca de 3.000. Eso pasó porque en ese año se habló mucho de las guarimbas, que eran manifestaciones espontáneas y que no tenían ningún tipo de coordinación o conducción, y eso pasó en todo el país. Lo que ha ocurrido estos meses es que las manifestaciones han sido mucho más organizadas. Por ejemplo, desde que empezó esta ola de protestas la oposición logró convocar a un número importante de ciudadanos en las protestas. En este 2017 han participado un número considerable de personas en una protestas. En estos momentos las protestas tienen una mayor coordinación. Incluso, en 2014 los sectores políticos estaba divididos porque unos estaban de acuerdo con lo que llamaron “La Salida” y otros no estaban de acuerdo. Eso no ocurre en estos momentos, porque en 2014 no vimos movilizaciones sistemáticas ni masivas, y con la frecuencia de ahora, ese año eran focos muy pequeños. Y eso nos permite ver las diferencias entre un período y otro.

— ¿A qué cree que se deba?

— Uno de los principales factores es que cuando comenzó esta ola de protestas los dirigentes políticos estuvieron al lado de los manifestantes, especialmente los más jóvenes han sufrido de igual manera la represión. Eso logró que existiese una mayor conexión entre la gente que quizás tenía duda en participar, pero cuando vio que los dirigentes también se estaban exponiendo, pues se logró una mayor empatía. Además, en este momento se junta otra cosa. Que la base de esa movilización tiene dos elementos claves: uno es la grave crisis económica que atraviesa el país y el otro es el descontento con la gestión pública, obviamente con la presidencia de Maduro. Ahora bien, en la caracterización de las protestas, esta ha crecido muchísimo y se ha extendido por todo el país, hay protestas en todo el territorio nacional, incluso en Delta Amacuro, que es una zona donde pocas veces se han visto movilizaciones de exigencia de derechos, porque es una zona de grupos afines al gobierno. Pero en este momento todo el país está movilizado tanto en zonas rurales como urbanas. Y más recientemente, en sectores populares, y allí es importante detenerse, porque los recientes asedios, ataques y allanamientos ilegales a la propiedad privada se han dado en el contexto de las protestas en los sectores populares.

— Si bien la sociedad civil ahora esta más organizada, justo como usted dice por la empatía con los dirigentes opositores, la represión ahora es más fuerte. ¿A qué cree que se deba?

— Ocurre porque en esta crisis económica, social y política en esta situación de ingobernabilidad, han hecho que se presentE una unidad de la población. Es decir, ahora están unidos distintos sectores que quizás tengas distintas visiones de país. Eso molesta al Gobierno y Maduro sólo quiere imponerse, así sea a la fuerza.

— Hay otro detalle que han señalado algunos periodistas venezolanos sobre estas protestas, y es que cada vez son más los “chavistas” que se han unido al descontento.

— Fíjate que como nosotros tenemos tiempo haciendo seguimiento de las protestas, los chavistas desde hace muchísimo tiempo están protestando contra Maduro, especialmente por la crisis de alimentos que ya tiene varios años. Los chavistas con todo y sus camisas de Chávez salían protestando porque no tenían alimentos, agua o electricidad. El chavista de a pie especialmente, el de zonas populares. Ahora, de forma más reciente, vemos una fusión entre la exigencia de esos derechos sociales junto con la exigencia de derechos políticos, que eso también ha hecho que estas protestas sean tan masivas y que parezca que un gran bloque nacional no está de acuerdo con el Gobierno. De ahí la agudización del conflicto, por las decisiones que se han tomado desde el Ejecutivo, como implementar el Plan Zamora.

— Estando detrás del Observatorio ya ha recibido algunas amenazas de parte del Gobierno. En 2015, por ejemplo, fue señalado en el programa de Diosdado Cabello. ¿Sigue siendo hostigado?

— Sí, lamentablemente seguimos en la misma situación de hostigamiento. De hecho en el último programa que hizo, el pasado miércoles, dijeron que yo junto Julio Borges estábamos defendiendo la corrupción. La situación de señalamientos sigue, pero nosotros seguimos trabajando desde Venezuela, aunque han dicho muchas veces que no, que nos fuimos a Estados Unidos. Y obviamente, cada vez que la situación se pone más compleja el Gobierno intenta que nosotros no sigamos con nuestro trabajo, porque hemos documentado la grave situación de la crisis social y política que se ha expresado a través de la protesta. Y el gobierno, aunque ha tenido una bandera de los derechos sociales y de ayudar a los más pobres, pues se ha demostrado a través de las estadísticas que no es así. Y aunque no es una situación fácil, bueno, seguimos trabajando, igual yo sigo con las medidas cuatelares de protección que me dio la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, aunque el Gobierno no las ha reconocido o cumplido. Ha tocado cambiar rutinas para cuidar la integridad del equipo.