Daniel Varnagy, doctor en ciencias políticas de la Universidad Simón Bolívar, suma más de 15 años como docente universitario y se ha dedicado a la investigación en la línea de la cultura política y capital social. Aquí hace su análisis sobre los últimos sucesos que han golpeado a su país.
Publicado el 29.06.2017
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Daniel Varnagy es un investigador venezolano que tiene varios matices. Es ingeniero electricista, con una maestría en administración, doctor en Ciencias Políticas y Posdoctorado en Reconfiguración de la Política. Pero una de sus aristas profesionales más conocida y por la que es constantemente consultado en varios medios de su país, es la que ha desarrollado en la Universidad Simón Bolívar —casa de estudios donde es profesor desde hace más de 15 años— como investigador en la línea de cultura política y capital social. Ha escrito varios trabajos de investigación como “La desconfianza interpersonal e institucional, la falta de eficacia política y el surgimiento de la antipolítica en Venezuela” (2012), en que el cientista político afirma junto al académico Herbert Koeneke, que “con la llegada de Chávez a la Presidencia se puede afirmar que se implantó en el país un gobierno antipolítico ‘colonizador’, controlado por un Teniente Coronel en situación de retiro e integrado por militares y ‘revolucionarios’ afines al modelo castrista impuesto en Cuba en 1959 y vigente al día de hoy”.

La era de Hugo Chávez quedó atrás y ahora es Nicolás Maduro el que lleva el mando de Venezuela (desde 2013), y enfrenta uno de los momentos de mayor conflicto debido a que ya suma más de 80 días de protestas por el descontento político, económico y social que enfrenta el país.

Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) desde el 1 de julio se han registrado 95 muertes en manifestaciones. Y lo que fue noticia el martes al final de la tarde es que un helicóptero del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) dispara contra el ministerio del Interior y el Tribunal Supremo de Venezuela (TSJ), al mismo tiempo que los diputados y periodistas de oposición denunciaron que un grupo de hombres armados los mantuvieron secuestrados en la Asamblea Nacional. Durante la noche, se notifició que fue decretado que el Tribunal Supremo de Justicia le quitaba las competencias a la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, y las transfirió al Defensor del Pueblo, Tarek William Saab. Además, se dio a conocer que quien piloteaba el helicóptero era Oscar Pérez, un actor/policía del que aún se desconoce su paradero.

— ¿Cómo se puede ver el panorama tras el suceso del secuestro del helicóptero?

— Primero hay que explicar algo. Hay veces que cuando tu haces un montaje los actores no necesariamente saben que son actores. Puedes hacer una especie de reality show donde algunos de los protagonistas, no están al tanto de que están en un show. Con eso, procedo a tratar de darte mi opinión. Hay un elemento de base, de fondo de todo esto, que es que el presidente Maduro necesita mostrar que la oposición es violenta. Maduro quiere llegar al punto de demostrarle al mundo que en realidad sus fuerzas están defendiendo, digamos, la institucionalidad. Obviamente ese es un discurso que ya nadie cree. La otra parte es que él está tratando de instaurar la Asamblea Nacional Constituyente, que no sólo no la avala prácticamente nadie en el país, sino que esa es una iniciativa que nació muerta. Además, él necesita o necesitaba algunas excusas para arreciar su violencia, porque lo único que tiene son armas y grupos armados que lo apoyan. Hago esa distinción, y no hablo en términos generales de Fuerzas Armadas, lo hago porque las Fuerzas Armadas son heterogéneas. No se puede afirmar, ni tampoco negar, que la totalidad de las fuerzas están o no con él. Lo que sí se puede afirmar es que los llamados colectivos, que son grupos armados pero no uniformados, sí apoyan al presidente y obedecen sus instrucciones.

— Habla de Fuerzas Armadas heterogéneas, pero Hugo Chávez trabajó bastante para que no fuera así. Es conocido el trabajo del ex-presidente en su labor de instaurar una ideología en estas fuerzas. 

— Totalmente cierto, pero hay dos variables que hay que tomar en cuenta. A la par de la “ideologización” que durante 18 años tuvo esta fuerza, estuvo el precio del barril del petróleo lo suficientemente alto, como para ser el sector mejor pagado del país durante una parte significativa de esos 18 años. Al caer el precio del barril de 100 a 40 dólares, esas prebendas, vamos a llamarlas prebendas oficiales, en que se toman en cuenta sueldos, beneficios y cargos, se ha restringido a un grupo realmente pequeño del estamento militar. Sin embargo, la base y sus familiares, ya no disponen de ningún beneficio que los distinga de la altísima escasez a la par de la inflación más alta del mundo de las últimas décadas.

— Retomo lo que me dijo al principio, que Maduro está buscando demostrar que la oposición es violenta. ¿Por qué hacerlo con este supuesto montaje del secuestro del helicóptero?

Hay que ver que el pasado martes ocurrieron otras dos cosas sumamente graves, que ya estaban previamente planificadas, que era el ingreso casi que por asalto a la Asamblea Nacional y la expedición o la publicación de la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) transfiriéndole poder a unas instancias no competentes para las que se les trasladó esa competencia, había que armar en alguna otra parte algo, un elemento distractor. Y sin duda, hay quienes se prestan para eso, no necesariamente sabiéndolo. Entonces, para quienes tenemos un poco más de experiencia, supimos que lo de Maduro fue un montaje para distraer la atención de lo verdaderamente grave, que son estos dos elementos que te dije. Detrás de esto, hay demasiadas capas de análisis, pero básicamente no hay ninguna evidencia de que esta persona haya sabido de que él iba a ser parte de una obra de teatro. El tema es que yo soy un científico y no tengo pruebas, pero de lo que sí tengo las pruebas, porque son públicas, notorias y comunicacionales, es que fue un ardid y fíjate, tan ardid fue que es importante tener en cuenta las declaraciones más recientes de Luisa Ortega. Lo que hace Maduro es tratar de disimular que en Venezuela ya no queda ningún tipo de institucionalizad del estado de derecho.

Ayer al mediodía la fiscal general entregó unas declaraciones en las que aseguró:  “Lo mismo que hizo el TSJ con la Asamblea Nacional lo hace contra la Fiscalía. La inseguridad jurídica aumenta, no saben dónde van a defenderse (…) Con esta sentencia puede que entreguen la investigación de los derechos humanos a quienes los violen. Pueden querer aniquilar al contrario político. Con esta sentencia puede que entreguen la investigación de los derechos humanos a quienes los violen (…) Parece que en Venezuela todos son terroristas. Yo creo que hay terrorismo de Estado”, sostuvo. También dijo que no existe la democracia ya que la población no puede elegir: “En Venezuela no hay derecho a participar” y que “el gobierno está como desesperado para que haya un golpe de Estado”.

— Luisa Ortega se volvió muy relevante ahora, conocida como una de principales figuras del chavismo. ¿Es una pieza clave en estos momentos y es real su actuar? 

— Sí, porque ella representa lo siguiente: el matrimonio entre los chavistas desilusionados y los opositores light, eso aglutina la mayor parte de la población. Ahora, ¿quién es ella? Bueno, ella es una persona de una clase media, media alta, absolutamente casada con el proyecto del ex-presidente Chávez, bajo una perspectiva institucional. Es decir, aquí no te doy mi opinión, sino que te doy un análisis descriptivo, porque ella lo que hace es defender el legado institucional de Chávez, que para un abogado de trayectoria significa en primerísimo lugar la Constitución. Esta señora es cercana a esa Constitución y ella es una ferviente admiradora de Chávez a partir de ese legado, es decir, de la Constitución de 1999 como logro. Porque ella vio en ese texto del 99 un poco su sueño hecho realidad, que es una posición opuesta en cierta forma a la del año 61. Porque comparativamente hablando, la de 1999 es una Constitución más de centro y tiene unos elementos en términos de derechos humanos, estado de derecho más presentes.

— ¿Hasta cuándo Venezuela puede permanecer en constantes protestas?

—Mira, imagina la letra Y. En Venezuela en este momento estamos delante de la Y. ¿Por qué? Y te lo voy a decir no desde mis deseos o aspiraciones, porque si nosotros estuviéramos en una situación de conflicto clásico, pero dentro de un estado de derecho yo te diría que esto va a terminar con el triunfo de la oposición, en el cual naturalmente va a salir el chavismo del poder o al menos de la presidencia, pero el problema es que nosotros no estamos ahí, porque lo que está detrás de esto es un estado fallido, donde el principal interés no es para nada el petróleo. El interés principal es el narcotráfico y me puedes preguntar por pruebas, y no las tengo, pero no hay manera de probar que el estado es narcotraficante. Sin embargo, los números, los análisis cuantitativos de la situación del país, te hacen dar cuenta de que la inmensa fortuna que se ha logrado por la corrupción es una que tiene un origen, internacionalmente señalado como narcotráfico.  Y nosotros, ahora, estamos en una Y porque está de un lado la llamada oposición, que ahora aglutina también a varios chavistas y del otro lado, están los más “gobierneros”, por así decirlo, que tienen millones de balas. Estamos frente a esa Y y no sabemos qué va a pasar. Pero esto tiene una fecha de muerte súbita, que es el 30 de julio, fecha en que se votará la Constituyente, ese día estaremos de algún lado de la Y, no en los dos, es imposible. No hay manera de que esas dos situaciones coexistan, eso simplemente no va a ser posible. Después de eso, esto será otro país, no sé cuál.

FOTOS: AGENCIA UNO/ROBERTO MATA