“El Líbero” estuvo presente en los comicios no vinculantes realizados ayer en Cataluña y entrevistó a votantes que participaron del proceso.
Publicado el 10.11.2014
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“¿Cómo votar va a ser antidemocrático?”, se pregunta Carmen. “Tenemos derecho a decidir sobre esto y sobre mucho más”, agrega. Llegada hace cincuenta años a Cataluña desde Andalucía, hoy es pensionista y vive en Sant Adrià de Besòs, una humilde ciudad del área metropolitana de Barcelona. Apenas habla catalán en público –confiesa que no se atreve, por vergüenza–, pero asegura con orgullo que en la consulta independentista de este domingo 9 de noviembre ha votado Sí-Sí: sí a un Estado y sí a que este Estado sea independiente. “Es una oportunidad excepcional para construir un nuevo país, sin odios, desde la ilusión”, señala a “El Líbero”.

Xavier, una de las 100.000 personas que se ha desplazado hasta las urnas para votar en contra, no opina lo mismo. Vive en el exclusivo barrio de Pedralbes, cuyo nivel de renta casi triplica la media de Barcelona. Es empresario y explica que gran parte de su negocio depende del resto de España. Siente temor por la reacción de los mercados a una hipotética división. “Como a mí, a ningún catalán le conviene la independencia en términos económicos”, justifica. Y añade: “Creo que juntos podemos hacer mucho más que separados. Cataluña y España se necesitan mutuamente”.

En medio de estas dos posiciones se sitúa la de Marta, que ha votado en el distrito barcelonés del Eixample (Ensanche), de clases medias. Su voto ha sido por el Sí-No. Es decir, está por un Estado catalán dentro de una España federal. “De momento, ésta es mi opinión, aunque no descarto que en el futuro pueda votar a favor de la independencia”, explica. Asegura que lo más importante es votar, “poder ejercer el derecho de expresión sobre un asunto como éste”. Abandona tranquilamente el colegio electoral de la mano de su marido, Pere, que ha optado por el doble sí. “Nuestra pareja es lo único que no se romperá”, bromea él.

Estos son sólo tres testimonios de los más de dos millones de catalanes que ayer domingo se acercaron hasta los distintos centros de votación habilitados en Cataluña y en el exterior -también en Santiago- para formar parte del llamado “proceso de participación ciudadana” sobre la independencia de esta región española. “¿Quiere que Cataluña sea un Estado? y, “en caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?”, interrogaba la doble pregunta, con tres respuestas válidas. De los 2,23 millones de personas que participaron con el 96,8% escrutado, el 80,7% votó Sí-Sí, el 10% votó Sí-No y el 4,55% votó No.

Quince minutos antes de abrir los centros de votación –que eran menos que en convocatorias oficiales de elecciones-, ya había largas colas. Esta escena se repitió durante varios momentos del día, pese a la lluvia que de forma intermitente hacía menos apetecible salir de casa en domingo para una consulta no vinculante. En este contexto, las esteladas -bandera independentista catalana-, ikurriñas -bandera vasca- e incluso banderas escocesas no sólo sirvieron para reivindicar la independencia, sino también para protegerse de las adversidades climatológicas.

Sin carácter vinculante ni legal y con una finalidad más simbólica que real, la votación de ayer se convirtió en una demostración de fuerza más del independentismo, que consiguió reunir a 40.000 voluntarios para organizar el proceso de participación -cuando se necesitaban sólo 20.000- y logró atraer hasta las urnas hasta 1,8 millones de adeptos a la causa. El siguiente escenario, según la hoja de ruta del gobierno catalán, es la convocatoria de unas elecciones con carácter plebiscitario. Sin embargo, es un escenario del que aún no se quiere hablar. Artur Mas, Presidente de la Generalidad de Cataluña, tiene previsto enviar este lunes una carta a Mariano Rajoy para intentar negociar nuevamente un referéndum acordado.

En una declaración anoche durante el recuento, el presidente catalán valoró la consulta celebrada como un “éxito total” y una “lección de democracia en mayúsculas”. Asimismo, Mas quiso lanzar dos mensajes al gobierno español. El primero, que “Cataluña quiere gobernarse a sí misma” y no va a renunciar a ello. El segundo, que Cataluña quiere decidir su futuro político “libre y pacíficamente”.

Por su parte, el ministro español de Justicia, Rafael Catalá, calificó la votación como un simulacro. “Es un acto de propaganda organizado por fuerzas partidarias de la independencia y carente de cualquier validez democrática”, aseguró Catalá. Y añadió: “Se ha instado a los ciudadanos a participar en un simulacro inútil y estéril, en el que Artur Mas quiere ocultar su fracaso personal al no poder convocar su consulta ilegal que anunció el pasado 12 de diciembre”.

Fortalezas y flaquezas

Una delegación de diputados europeos, a instancia del Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña (Diplocat), supervisó el proceso de votación en calidad de observadores internacionales. Venidos desde el País Vasco, Bélgica, el Reino Unido, Suecia, Francia, Eslovenia y Alemania, concluyeron que el proceso participativo ha sido conducido con éxito. “Esperamos que en el futuro los catalanes serán capaces de participar en un proceso tal sin los desafíos que hemos presenciado hoy”, han asegurado en su informe.

Los puntos fuertes que resaltó esta comisión fueron la no intimidación de los votantes, el alto nivel de participación pese a las circunstancias, la atmosfera familiar y amigable y la perfecta identificación de los participantes. En el otro lado de la balanza, los observadores internacionales echaron de menos la existencia de un censo previo, los pocos centros de votación en relación a unas elecciones ordinarias, la ausencia de una Oficina Electoral central, la forma de escoger a los miembros de las mesas mediante la inscripción de voluntarios y que la provisión para el secreto de voto no fue universal.

 

FOTO: NICOLAS TOMÁS L.