El ex ministro de Economía entre 1990 y 1992 reivindica el gobierno del ex Mandatario y desclasifica para “El Líbero” algunas anécdotas que le tocó vivir con Aylwin.
Publicado el 21.04.2016
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“Yo recibí mucho respaldo por parte de él, me tenía mucha confianza, establecí con él una relación de amistad (…). Será un Presidente que sin lugar a dudas va a entrar a la historia como el gran conductor del proceso que permitió la transición en Chile”. Así recuerda Carlos Ominami al ex Presidente Patricio Aylwin, quien falleció la mañana de este martes a los 97 años.

Al ex militante del PS le tocó ser el ministro de Economía de su gobierno y, desde esa posición, convencerlo de impulsar una serie de reformas que al ex jefe de Estado le causaban “una cierta desazón”.

En entrevista con “El Líbero”, Ominami también se refiere al papel de Aylwin como opositor al gobierno de Salvador Allende, cuando presidió la DC: “por el rol y su responsabilidad que él nunca eludió en el colapso de la democracia en Chile, estuvo siempre muy motivado por intentar reparar todos los daños que se le hicieron al país”.

Finalmente, destaca el legado del ex Presidente y hace un llamado a “valorar las cosas que se hicieron en esas condiciones extremadamente difíciles”.

– ¿Cómo fue trabajar con don Patricio Aylwin en su gobierno?

– Fue una tremenda experiencia, yo no tenía ningún tipo de experiencia en la administración pública, para el golpe de Estado yo tenía 23 años y fui uno de los ministros más jóvenes del Presidente Aylwin, yo tenía 39 años cuando juré como ministro en marzo de 1990. Yo recibí mucho respaldo por parte de él, me tenía mucha confianza, establecí con él una relación de amistad. Me tocó acompañarlo en muchas ocasiones, viajamos mucho al extranjero, hice campaña con él para el plebiscito de 1988, hicimos un viaje a Europa en los meses previos a la elección presidencial en septiembre de 1989 y pasé también por momentos difíciles y complejos con él. Por ejemplo, la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, que se hizo después de la entrega del informe Rettig, en el cual el pidió perdón en nombre del Estado de Chile por todas las violaciones a los derechos humanos que se habían cometido durante el régimen militar. A mí me tocó intervenir luego de una intervención muy muy dura del general Pinochet. Con Aylwin construimos una relación de mucha confianza, miraba la economía con bastante recelo, pero siento que tuvimos, Alejandro Foxley (ministro de Hacienda) y yo, una gran confianza de parte de él para transformar el tema económico en un activo de su gobierno. Él será un Presidente que sin lugar a dudas va a entrar a la historia como el gran conductor del proceso que permitió la transición en Chile.

– ¿Es ese su legado más importante?

– Claro, porque esa transición fue posible gracias al reencuentro de los demócratas. Patricio Aylwin fue un encarnizado y duro opositor al gobierno del Presidente Salvador Allende, marcó muchas diferencias con la izquierda de esa época y creo que por eso mismo, por el rol y su responsabilidad que él nunca eludió en el colapso de la democracia en Chile, estuvo siempre muy motivado por intentar reparar todos los daños que se le hicieron al país. Me parece que ese fue un gran motor de su actuación. Él era un militante de la DC, pero dio muestras de una gran actitud, no fue un Presidente sectario, fue un Presidente que se dedicó a construir una Concertación muy atomizada, de 17 partidos, y él fue capaz de imponer de manera no autoritaria, sino que consensuada, su punto de vista para transformarse en el gran líder del NO y posteriormente en candidato y Presidente. Hizo un gran aporte a Chile y mostró que era posible compatibilizar estas convicciones democráticas y de respeto a los derechos humanos con una flexibilidad para poder manejar situaciones difíciles, como la presencia del general Pinochet en la comandancia en jefe del Ejército.

– ¿Tuvo desencuentros con Aylwin en algún momento?

– Para él las decisiones que tuvimos que tomar al inicio del gobierno, que fueron decisiones duras y de ajuste, que incluso significaron un aumento del desempleo respecto de lo que heredamos de los últimos años del gobierno militar, fueron decisiones en las cuales él manifestaba una cierta desazón. Pero tuvimos que decirle que teníamos que ir de menos a más, que las decisiones duras había que tomarlas al principio, pero que iban a significar un progreso posteriormente. Afortunadamente las cosas pasaron así, él siempre nos tuvo confianza, pero siempre manteniendo una cierta reticencia. Él era un hombre de la política, una persona a la cual la economía le parecía algo relativamente extraño y misterioso. Pero finalmente tuvimos una gestión económica exitosa. Chile creció mucho durante esos años y generó un impulso que permitió que Chile siguiera creciendo por toda esa década.

– Al mirar a las figuras que integraron ese gabinete, uno se encuentra con personas que hoy están muy alejadas en el cuadro político. Figuras como René Cortázar y Alejandro Foxley, de una visión más liberal, que actualmente han cuestionado abiertamente las reformas del gobierno. Y figuras como usted, que tenía un pasado en el MIR, y Jorge Arrate, que fue candidato presidencial del PC en 2009. ¿Cómo fue la convivencia en el gabinete entre personas tan distintas?

– Eso es muy interesante y muestra justamente el talento que tuvo el Presidente Aylwin para generar unidad ahí donde había mucha diversidad y también muchísimas divisiones. Todos los que estábamos ahí pensábamos de manera distinta, pero él siempre puso por delante lo que nos unía y no lo que nos dividía. Y lo que nos unía era mucho más: era la necesidad de reconstruir la democracia, dejar atrás la noche oscura de la dictadura, entonces fue un gran mérito el poner a trabajar como equipo a un conjunto de personas con ideas y trayectorias diversas. Es muy interesantes en estos días, que van a haber tres días de duelo, y creo que no debiera ser algo puramente formal, sino que puede ser una muy buena oportunidad para reflexionar sobre cómo las cosas han pasado durante el último tiempo. Hoy está muy de moda tener una mirada muy crítica sobre el período de transición, pero creo que también es importante valorar las cosas que se hicieron y en esas condiciones extremadamente difíciles.

– ¿Cree que es un buen momento para revisitar la historia de ese período?

– Efectivamente. Creo que hay que remirar la historia. La transición tiene muchas grandezas y algunas miserias, y eso no hay que ocultarlo. Pero es importante hacer un análisis teniendo presente las circunstancias, como el hecho de tener un ejército que sentía que había sido victorioso y que había gobernado Chile con grandes reformas, el tener a un general Pinochet que había perdido una batalla, pero que no estaba derrotado, porque le quedaban ocho años como comandante en jefe del Ejército. Creo que todo eso es muy importante y espero que las generaciones jóvenes puedan apreciar ese legado que es parte de lo mejor de nuestra historia.

– ¿Cuál es la vigencia de su ideario político?

–  Sus grandes legados son la convicción democrática, la opción por la gente más modesta. Él siempre estuvo interesado por la gente modesta y él fue una persona muy modesta. No era alguien a quien le gustara la riqueza y la ostentación, por el contrario. Dio un ejemplo de una vida extremadamente austera. Como anécdota le cuento que también era de costumbres un poco antiguas. Me acuerdo que se hacían muchas bromas en La Moneda porque lo único que se tomaba cuando él era Presidente era horchata, una cosa muy antigua, más propia del siglo 19 que del siglo 20. A él no le gustaba el mercado. Él nunca fue a un mall, le parecían horrorosos. Era alguien con una visión antigua, pero una visión muy anclada en convicciones sólidas.

– Aylwin fue un tipo que se la jugó siempre por los acuerdos, llegó a consensos con la oposición y sacó adelante un gobierno que en un principio se veía complejo. ¿Qué efectos concretos tendrá su muerte en la política nacional?

–  Creo que puede haber una reacción buena para el país respecto de que la política es una actividad noble, que fue a través de la política y los acuerdos que Chile pudo transitar hacia la democracia. Creo que esa es una reflexión muy pertinente y muy útil en tiempos en que la democracia y la política, en particular, está siendo muy maltratada. Hay una visión de que la política es un espacio donde algunos se arreglan y se enriquecen y no el espacio donde se generan acuerdos y en donde se expresan convicciones que permiten que el país sea mejor. No hay dudas de que el Chile de los 90 es sustancialmente mejor que el Chile de los 80 y eso tiene que ver con el legado de Aylwin. Yo espero que en estos días se pueda valorar ese ejemplo y ayude a iluminar el camino para poder salir de tiempos que son malos para la política y para la democracia.

– ¿Cree posible una especie de revival de la democracia de los acuerdos?

– Yo creo que, como él mismo decía, cada día tiene su afán y hoy las circunstancias son otras. Pero está la idea de la amistad cívica, de que la política no puede ser un terreno de descalificaciones, sino que debe ser un terreno donde se ventilan diferencias y se confrontan posiciones, pero siempre con un espíritu constructivo. Ese es un legado muy importante y ojalá pueda quedar como herencia de esos tiempos, que fueron especiales, difíciles y duros, pero donde éramos más amigos, había más amistad cívica, menos descalificaciones y donde juntos construimos las bases de un país que es mucho mejor de lo que tuvimos en el período de la dictadura.