En conversación con "El Líbero", el ex ministro, además, valora la decisión de la Nueva Mayoría de incluir la agenda de Derechos Humanos en el cónclave y explica el rol que tuvo con los afectados del caso quemados.
Publicado el 31.07.2015
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El ex ministro Sergio Bitar (PPD) ha seguido desde Estados Unidos -donde se encuentra de viaje hace algunos días- el escenario político en la Nueva Mayoría y en el Gobierno ad portas del cónclave oficialista que se realizará este lunes 3 de agosto, donde se espera que la Presidenta Michelle Bachelet sincere el anuncio sobre el “realismo sin renuncia”. En conversación con “El Líbero”, el ex secretario de Estado plantea un slogan de reemplazo al “realismo sin renuncia” y afirma que él cree en el “realismo del progresismo”.

“Esto significa saber acomodarse a las situaciones reales para acercarse a los objetivos estratégicos. Aquí hay cambios importantes ocurridos en el año  y medio de gobierno, que hay que tomar en cuenta para hacer ajustes estratégicos y prácticos (…) un progresistas tiene que ser realista, lo demás es un utopismo, que le termina entregando a la derecha instrumentos para oponerse a todo”, explica Bitar y agrega que “el realismo es para conseguir los objetivos estratégicos, es distinto de aquellos que piensan en el utopismo para no llegar a ninguna parte o aquellos que se oponen a todos los cambios”.

Además, se refiere a la decisión de la Nueva Mayoría de plantear  como uno de los temas prioritarios en el cónclave, la agenda de Derechos Humanos ante la reapertura de algunos casos como el denominado caso quemados. Bitar, además de valorar la determinación, revela a “El Líbero” que su señora tuvo que reconocer el cuerpo de Rodrigo Rojas de Negri y que fue él mismo quien pidió al Hospital del Trabajador  que trataran a Carmen Gloria Quintana.

– ¿Cuáles son sus expectativas del cónclave de este lunes donde se espera que se sincere el “realismo sin renuncia” anunciado por la Presidenta Bachelet?

– Yo creo en el realismo del progresismo.

– ¿Qué es el realismo del progresismo? La Presidenta anunció “realismo sin renuncia”.

– Esto significa saber acomodarse a las situaciones reales para acercarse a los objetivos estratégicos. Aquí hay cambios importantes ocurridos en el año  y medio de gobierno, que hay que tomar en cuenta para hacer ajustes estratégicos y prácticos.

– ¿Qué cambios?

– El primero, es que estamos en un cuadro económico distinto, más estrecho. Segundo, las expectativas se han ido mucho más allá de lo que era manejable, en parte también por el ánimo de hacer cambios a una velocidad mayor. Y el tercero, tras un año y medio de reformas, se han producido desentendimientos nacionales y oposiciones de opinión pública, que un buen gobierno tiene que tomar en cuenta para saber avanzar. No es lo mismo tener 60% de apoyo que 25%. Esas son realidades, y eso es duro. Un progresistas tiene que ser realista, lo demás es un utopismo, que le termina entregando a la derecha instrumentos para oponerse a todo.

– ¿Cuál es la diferencia con el “realismo sin renuncia”?

– Digo que el realismo es para conseguir los objetivos estratégicos, es distinto de aquellos que piensan en el utopismo para no llegar a ninguna parte o aquellos que se oponen a todos los cambios. El progresismo camina por el medio, entre el utopismo muy radicalizado y la derecha opositora que no quiere cambio alguno. Si uno no es realista en política, tiene que dedicarse a otra cosa, tiene que irse a un convento.

– Hay muchas expectativas de este cónclave, ¿usted cree que este encuentro defina totalmente el rumbo del “segundo tiempo”?

– Creo que la nueva orientación está dibujada, que toma en cuenta lo que he señalado. Falta precisar, asumir y concentrar todas las energías con unidad detrás de esos objetivos, con una lógica principal que es la mejor forma de lograr lo que queremos, de más igualdad, de tener un país con una democracia más profunda y con una capacidad económica más innovadora, es seguir este ajuste para lograr los mismos objetivos. Esto significa concentrarse en diferentes tareas: uno, el ojo puesto sobre la situación económica; dos, la reforma educacional; estamos en un berengenal, era previsible parte de lo que está ocurriendo, se cometieron errores y lo importante ahora es corregir a tiempo y no esperar más, esto significa espaciar las reformas, para que las podamos materializar, mejorar la calidad del diseño de las reformas y conseguir más apoyo ciudadano mediante una campaña comunicacional fuerte para sacar lo que se quiere. Y luego, se debe despejar el tema constitucional. Espero que en esos temas haya precisión, porque eso nos da fuerza para seguir.

– Entonces, ¿será realmente un encuentro clave para el Gobierno y la Nueva Mayoría?

– Estos momentos significan que se consolida una postura y se unen todos tras esa postura. Se ha dibujado esa visión, pero le falta precisión, contundencia y que todos pongan sus energías detrás. Alinearlos a todos significa mostrar que para alcanzar los objetivos programáticos y estratégicos hay que ajustar, no es para alejarse de los objetivos, sino que para acercarse a los objetivos dada la nueva realidad.

– Uno de los puntos en que se ha generado mayor debate es sobre la gratuidad de la educación superior. Su partido ha sido muy crítico frente a la postura del Ejecutivo sobre la gradualidad de la gratuidad y la posibilidad de que se aplique sólo a las universidades del Cruch. ¿Cuál es su postura con respecto a la gratuidad?

– Cuando digo que hay que consolidar y aclarar, ésa es la tarea de este lunes, que significa alinear los objetivos estratégicos a los cuales no se renuncia, con las realidades concretas para poder materializar lo que se puede. Defender objetivos sin tener en cuenta la realidad, aleja de los objetivos. Y tener sólo en cuenta una presunta realidad para no moverse también impide avanzar hacia esos objetivos. Entonces, hay que lograr un camino que compatibilice la dirección estratégica con la realidad económica, con la necesidad de más rigor técnico político en las propuestas, con el apoyo ciudadano que debe reconquistarse para avanzar.

– ¿Cómo ve el futuro de la Nueva Mayoría?

– En política no hay nada asegurado. Además no nos podemos confiar de la desarticulación de la derecha, porque el pensamiento conservador trasciende a los partidos de derecha. La Nueva Mayoría tiene que mantener la cohesión, tiene que hacer un esfuerzo mayor de incidir sobre el gobierno, no sólo apoyar todo lo que quiere el gobierno, sino que incidir de manera unida para mejorar la forma en que el gobierno hace las cosas, porque a muchas de las propuestas les ha faltado más rigor. Luego la Nueva Mayoría tiene que mirar más allá del 2018, porque muchas de las tareas iniciales de este segundo gobierno son tareas de largo plazo, es un rumbo nuevo, que profundiza lo económico social, y ese rumbo nuevo no se hace en cuatro años, se hace en un período más largo. Y lo último, la Nueva Mayoría tiene que poner sus dos ojos y sus orejas en la elección que viene. Esa tarea nos va a absorber mucha energía y hay que ponerla en operación a la brevedad.

“Yo mismo tuve que ayudar cuando el doctor Jorge Villegas se hizo cargo para salvar a Carmen Gloria Quintana”

-La Nueva Mayoría incluirá agenda de Derechos Humanos en el cónclave debido a la reapertura de algunos casos como el denominado caso quemados que se ha tomado el primer plano de la opinión pública, ¿cuál es su impresión?

-La Concertación y la Nueva Mayoría como una coalición ha tenido siempre en su corazón el tema de los Derechos Humanos, eso es lo que ha hecho de la transición chilena una de las más coherentes en este campo. Nunca hubo punto final, nunca hubo un olvido, tal vez, se puede argumentar que hubo lentitud, pero ha habido persistencia que es la de mayor alcance de todas las transiciones que uno puede estudiar ahora. Las críticas siempre tienen bases, pero comparativamente la transición chilena es la que ha logrado con todos sus defectos avanzar más en materia de derechos humanos y hacer más justicia, a pesar de haber tenido a un dictador a cargo del ejército por ocho años después de alcanzada la democracia.

Entonces, esto en la esencia de lo que somos  y lo que ha resurgido con el caso quemados, nos retoma el sentido más profundo de lo que somos y ahí no puede haber claudicación ninguna. De hecho, yo mismo estuve de alguna manera involucrado en el tema de los quemados. Yo había vuelto recién de Estados Unidos. Yo y mi señora teníamos una buena relación y habíamos conocido en Washington a Verónica De Negri y cuando regresamos, al poco tiempo, se produce este hecho trágico. Y a nosotros nos tocó en el alma, porque de hecho mi mujer María Eugenia Hirmas, tuvo que ir a reconocer el cuerpo de Rodrigo, porque el médico pidió que fuera una persona que lo conociera y nosotros conocíamos bien a Rodrigo, porque el shock para la mamá era enorme. Yo mismo tuve que ayudar cuando el doctor Jorge Villegas se hizo cargo para salvar a Gloria Quintana, tuve que llamar al presidente del Hospital del Trabajador, estábamos en medio de la dictadura y él era partidario de la dictadura y le expresé en la situación en que estábamos y le pregunté si estaban dispuestos a recibirnos y a tratar a Gloria Quintana y él aceptó. De manera que esos episodios nos han involucrados a muchos de nosotros en lo personal, es la motivación principal por la que hemos luchado todo el tiempo. Me alegro mucho que en este tema haya unidad completa, que ayuda a unificar el resto de los objetivos.