El país vecino anunció la licitación para construir un acueducto que sacará agua del lago binacional Buenos Aires/General Carrera, sin la debida consulta a Chile.
Publicado el 21.10.2015
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Un viaje para hoy es el que tiene agendado la Presidenta Michelle Bachelet. ¿El destino? La región de Aysén, donde visitaría la ciudad de Coyhaique y otras zonas aledañas como Puerto Ibáñez.

Pero según quienes están al tanto de su periplo, el viaje será algo complejo para la Mandataria, pues deberá referirse a uno de los temas más controvertidos para la región por estos días: la construcción por parte de Argentina de un mega acueducto que sacará agua del lago binacional Buenos Aires/General Carrera (en la foto), proyecto que encendió las alarmas en la cancillería chilena.

lagoSegún ha señalado el ministro de Planificación Federal de Argentina, Julio De Vido, la obra cuenta con un presupuesto cercano a los US$1.200 millones, beneficiará a unas 120 mil personas y contempla la instalación de 26.700 metros de doble tubería de impulsión entre el lago Buenos Aires y la ciudad de Perito Moreno para transportar 5.84 m³/segundo a distintas zonas, desde donde arrancará un acueducto de cerca de 650 kilometros que abastecerá de agua a distintas localidades argentinas. Además, el gobierno hizo público hace algunos días el llamado a licitación para iniciar su construcción.

Sin embargo, según han expresado en forma reservada autoridades de nuestro país, la obra no fue debidamente consultada a Chile y representa un incumplimiento del Tratado de Medio Ambiente de 1991, suscrito entre ambos países, y a su protocolo de Recursos Hídricos Compartidos, que en su punto 5° establece que “las acciones y programas de aprovechamiento de los recursos hídricos compartidos se efectuarán en forma coordinada o conjunta a través de planes generales de utilización”, lo que en este proyecto no habría sucedido..

Según señala a “El Líbero” el diputado por Aysén David Sandoval, Cancillería habría sido informada de la construcción del acueducto a través de distintas notas diplomáticas intercambiadas con Argentina, pero sólo de forma general. “Acá no hay información detallada de las obras que se van a construir (…) Los argentinos, en mi opinión, están en su legítimo derecho de hacer lo que quieran con el agua, pero siempre y cuando cumplan con los protocolos establecidos”, señala. Asimismo, advierte que el Estado de Chile debiera “imitar” los proyectos de inversión que desarrolla Argentina en sus zonas extremas: “Los gobiernos han sido irresponsables. Se requiere una actitud distinta con esta zona que es un tercio del territorio continental de Chile”.

Para el senador Francisco Chahuán, presidente de la comisión de Relaciones Exteriores, el asunto también es grave, pues implica “la vulneración flagrante, de parte de Argentina, de los tratados de uso de aguas binacionales”.

La falla está en el origen

Pero para expertos en temas de relaciones exteriores, el origen de este “zapato chino” en el que se encuentra Chile está en la firma del acuerdo, hace 24 años, pues éste no definió con claridad qué es lo que debe entenderse como “recurso hídrico compartido”, lo que ha generado que cada país tenga su propia interpretación sobre el tema. “Este Protocolo, suscrito en 1991, consagró una virtual cohabitación de Argentina en el uso y goce de un bien escaso y cada vez más valioso como es el agua que corre por territorio chileno”, asegura otro entendido en esta materia.

De hecho, señala, esto ha generado varios problemas a proyectos hidroeléctricos chilenos que de una u otra forma se nutren de aguas que pertenecen a una cuenca hidrográfica común o binacional, como es el caso del lago Buenos Aires/General Carrera y también del Pueyrredón/Cochrane y el San Martín/O’Higgins.

“Desde 1991 en adelante, hay una seguidilla de decisiones poco rigurosas referidas a asuntos vecinales, partiendo por la suscripción del acuerdo sobre manejo de aguas compartidas con Argentina, el cual, para los efectos prácticos, nos impide disponer libremente y de manera soberana de nuestros propios recursos hídricos”, escribió el diplomático Jorge Canelas hace un mes en “El Líbero”.