Juan Ignacio Monge relata el momento en que redactó el texto, que se hizo popular en cuestión de horas, entrega su visión respecto de la ayuda requerida por las víctimas a la Comunidad Internacional y analiza el rol que jugó su padre en la zona como ex diputado.
Publicado el 18.01.2015
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Sentado en la terraza de su casa a las 10 de la noche, prendió un cigarro, encendió el computador y se dejó llevar por los sentimientos que florecían tras leer un mensaje de su hermano que indicaba: “Incendio en el fundo Rascacielos“.

Juan Ignacio Monge, el abogado de 36 años que escribió la carta “La nueva Tierra del Fuego“, describe a “El Líbero” cómo surgieron las palabras para redactar un documento que en cuestión de minutos se viralizó a través de las redes sociales y formó una verdadera cadena de apoyo a las víctimas de ataques incendiarios en la región de La Araucanía.

José Luis Monge y Juan Ignacio MongeHabía pasado el año nuevo junto a sus familiares en Traiguén y ya se encontraba de vuelta en Santiago, ciudad en la que vive desde los cuatro años, pero sólo le bastó recordar cómo era el campo e imaginar a su hermano José Luis escapando de las llamas juntos a sus hijos para, como dice él, “escribir desde la guata”.

Envió sus pensamientos al grupo familiar de WhatsApp con la duda de si hacerlos públicos o no, pero finalmente se filtró, su hermano lo envío a una dirigenta de los agricultores y “ahí explotó”.

 

“Al principio te da un poco de miedo exponerte y figurar, cuando esa no era la intención. Pero a los pocos minutos que la carta estuvo circulando, empezamos a recibir llamados dándonos apoyo”, cuenta el abogado.

Según él, la carta generó impacto, porque por primera vez se exponían los sentimientos y se traspasaba lo material, era algo “pasional”.

Víctimas piden ayuda a la Comunidad Internacional

Sólo dos días después de que la carta de Juan Ignacio Monge fue publicada, la Asociación de Victímas de Violencia Rural (AVRU) decidió pedir ayuda: “La AVRU hace un llamado desesperado a la Comunidad Internacional“. 

A través de un documento, la agrupación que representa a más de 300 familias que han sufrido ataques incendiarios en la región de La Araucanía, decidió plasmar el abandono por parte del Estado de Chile y pedir ayudar a la Delegación de la Unión Europea y al Nuncio Apostólico.

“Esa carta demuestra la desesperación y el desamparo de las víctimas frente a la actitud del Gobierno que le baja el perfil a estos incendios, da la sensación de que definitivamente no quiere enfrentar el problema. La Presidenta Michelle Bachelet no ha visitado la región, todo eso se suma a que el Gobierno no quiere usar las herramientas con las que cuenta hoy para ponerle término al conflicto. Es claro que ha faltado mayor unión política de todos los sectores para trabajar en conjunto en pos de una solución armónica, más allá del asistencialismo o clientelismo político “, indica Monge.

Frente a la posición de la AVRU de que se les han “cerrado los canales de comunicación”, el abogado comenta que al ser tantos y tan reiterados los hechos de este tipo que ocurren en la zona, “finalmente dejan de ser noticia”.

El rol de su padre como diputado en la zona

Juan Ignacio tenía 19 años cuando su padre Luis Monge fue electo diputado (independiente por la lista Unión por Chile) por el Distrito N°48 de la región de La Araucanía que corresponde a las comunas de Angol, Collipulli, Ercilla, Los Sauces, Lumaco, Purén, Renaico y Traiguén; zonas conocidas por ser protagonistas de los ataques incendiarios.

“Mi padre tenía mucho conocimiento previo de la realidad local, porque llevaba 40 años atendiendo como abogado a muchas familias mapuches y no mapuches. Cuando fue parlamentario se estaban dando las primeras señales de que esto venía en serio y él se lo hizo presente insistentemente a las empresas y a los sectores políticos”, explica.

Incluso el abogado comenta que el ex diputado generó varias propuestas sobre el tema, entre ellas se denominó “Una deuda contra nuestras raíces. Soluciones concretas para el pueblo chileno-mapuche”. Según señala Monge, se proponía un sistema de consultas y un canal de participación directa para las comunidades, sistema de becas para la capacitación y educación e incentivos a profesores de escuelas rurales, adecuar las leyes a realidades locales, etc. “Algunas de éstas fueron oídas, otras no”, indica.

– ¿Por qué no se ha avanzado en esta materia?

– La Araucanía tiene grandes carencias estructurales. Falta de caminos, servicios, salud, embalses de agua para riego, por decir algunos. Hay una situación de pobreza general, de migración a las ciudades y verdaderamente siento que los esfuerzos deben ir enfocados hacia allá. Para eso se requiere primero de orden y respeto al Estado de Derecho para que los sectores productivos se reanimen y generen mejoras en las condiciones de vida de la gente. A veces al mundo privado se le exige mucho en materia social, pero para poder cooperar con el Estado se le deben asegurar condiciones mínimas para poder actuar.