Héctor Soto, José Francisco García y Cristóbal Bellolio coinciden en que la Mandataria debe aclarar las dudas respecto de la participación de Sebastián Dávalos en millonario negocio.
Publicado el 18.02.2015
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La Presidenta Michelle Bachelet retornará este lunes a La Moneda tras pasar tres semanas de vacaciones en su casa de verano en el lago Caburgua, en la Región de la Araucanía, en medio de la polémica por el caso Caval, que obligó a su hijo Sebastián Dávalos a renunciar a su cargo como director sociocultural de la Presidencia, luego de que se revelara que participó en una reunión con el dueño del Banco de Chile, Andrónico Luksic, para aprobar un crédito de $6.500 millones para la empresa de su señora Natalia Compagnon.

¿Cómo debe abordar la Mandataria esta crisis política y también familiar? Es lo que responden para “El Líbero” los analistas Héctor Soto, José Francisco García y Cristóbal Bellolio.


ENTREVISTA HECTOR SOTO MIRKO AICON S.
Héctor Soto: “El país merece una explicación y es la propia Mandataria quien debe darla”

Ya lo dijo el Antiguo Testamento: ni el hijo llevará el pecado del padre ni el padre el pecado del hijo. La responsabilidad es individual. Sin embargo, en este caso, la madre debe, a lo menos, una explicación. Porque fue ella quien nombró a su hijo en un cargo que hasta ahora siempre había sido un espacio de inclusión y de sensibilidad social. Obviamente, si el hijo lo transformó en un monumento al tráfico de influencias, el país merece una explicación y es la propia Mandataria quien debe darla. Más todavía cuando el hijo eludió darla. Ese es el primero de los imperativos de la Presidenta.

El otro es nombrar en el cargo a una persona que, por vocación y méritos, por dignidad y trayectoria, entregue amplias garantías a todos los sectores y sea capaz de restaurar la confianza pública en las funciones, que el hijo políticamente pródigo tenía a su cargo en La Moneda.

José Francisco García, coordinador de LyDJosé Francisco García: “La Presidenta deberá descartar totalmente que no tuvo ninguna participación en el cuestionado crédito”

En primer lugar, la Presidenta deberá descartar totalmente y sin dejar la menor duda de que ella no tuvo ninguna participación en la cuestionada operación de crédito, en la gestación de la reunión con el dueño y Vicepresidente del Banco, o en la modificación al plan regulador respectivo. En esta materia deberá ser contundente.

En segundo lugar, deberá referirse al rol que jugó en la renuncia de su hijo al cargo de director sociocultural de la Presidencia. Se trata de un antecedente relevante dado que, más que madre, para estos efectos es superior jerárquica de dicho cargo el que, como sabemos, es uno que dirige una amplia red de fundaciones dependientes de la Presidencia de la República: Integra, Prodemu, de la Familia, Tiempos Nuevos (MIM), Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile, Artesanías de Chile y Todo Chile Enter, lo que implica el manejo de importantes recursos, contratación de personal, etc.

En tercer lugar, hay que separar la responsabilidad administrativa del caso de la política. Si bien es cierto que la naturaleza jurídica del cargo de director sociocultural de la Presidencia no es la de un funcionario público –patología sobre la que se ha discutido poco y menos la necesidad de reforma–, la real responsabilidad política operará, como lo ha propuesto el ex Presidente del Partido Socialista Gonzalo Martner, una vez que sea juzgado ante el Tribunal Supremo de dicho partido, propuesta a la que se han sumado otros dirigentes del PS. Si ello sucede, la Presidenta Bachelet, socialista histórica, deberá actuar con total imparcialidad.

Finalmente, los nuevos antecedentes en el caso Penta, de la denominada arista SQM, están golpeando a importantes personeros de la DC y el PS, sin perjuicio de la situación del Ministro de Obras Públicas. Los estándares públicos de ética y probidad que exija respecto de ambos casos, Penta y nueragate, deberán mirar ya no sólo a su hijo, sino a sus aliados al interior de la Nueva Mayoría.

Ello obviamente genera incentivos a minimizar sus declaraciones públicas en este ámbito, pero también a liderar un pacto por la probidad –que debiese ser igual o más potente que el de 2003 de Lagos-Insulza-Longueria), el cual debiese no sólo estar vinculado a las discusiones en torno al perfeccionamiento de la regulación dinero y política (ley de gasto electoral y declaraciones de intereses y patrimonio más exigentes), sino, reformas al Estado más amplias, potenciado la meritocracia y la excelencia en la administración (existiendo varias mejoras pendientes al sistema de Alta Dirección Pública), como también el estatuto de las fundaciones que dependen de la Presidencia de la República.

Cristóbal Bellolio 1Cristóbal Bellolio: “En política se usa mucho la metáfora de ‘matar al padre’, pero este es un caso donde a la madre le conviene “matar al hijo”

 Bachelet ha hecho parte importante de su carrera política diciendo poco y nada. Cuando se explaya más de la cuenta, no le sale igual de bien. Por lo anterior, no me extrañaría que la primera recomendación de sus asesores sea no decir absolutamente nada al respecto y dejar que el asunto se lo lleve el olvido. No faltarán polémicas y escándalos frescos para rellenar la agenda. Desde ese punto de vista -estrictamente estratégico- no es imperativo que ella se pronuncie. Puede que esta respuesta no satisfaga a los exigentes paladares opositores ni al espíritu de accountability republicano, pero eso no implica que no sea la más inteligente.

Si decide pronunciarse, la Presidenta se encuentra entre dos tierras.

Por un lado, salir a respaldar la versión oficial y reforzar el insípido guión que ofreció Sebastián Dávalos en su renuncia: no hubo delito ni tampoco falta ética, se dijeron muchas mentiras por la prensa, este fue un acuerdo netamente entre privados que no afecta al gobierno, mi hijo demostró su enorme generosidad al dar un paso al costado a pesar de estar haciendo una notable gestión como director sociocultural de la Presidencia, etcétera. Si toma ese camino, delata su incondicionalidad de madre pero desafía el sentido común de la inmensa mayoría de los chilenos. Es decir, se deja contaminar por la chiva de Dávalos.

La otra alternativa es vestirse de Abraham y ofrecer a su primogénito como sacrificio en los altares de la transparencia, reconociendo que su hijo no supo separar correctamente su rol de empresario con sus aspiraciones políticas (lo mismo que ella decía de Piñera, dicho sea de paso). Es duro, porque contradice el instinto maternal. Pero tácticamente es la salida más interesante: si como madre es capaz de renunciar a las defensas corporativas en el seno de su familia, significa que se toma los nuevos estándares éticos muy en serio.

De esa manera recupera el pedestal de autoridad moral, desde donde puede apuntar con el dedo a todos los sectores partidarios para que también hagan sus sangrientas ofrendas. En política se usa mucho la metáfora de “matar al padre”, pero este es un caso donde a la madre le conviene “matar al hijo”.