Faltan poco más de dos semanas para las elecciones presidenciales en el vecino país y el oficialista Scioli lidera la intención de voto con 35%, seguido de Macri (25%) y Massa (19%). Carlos Pagni analiza para "El Líbero" los comicios que marcan el fin de la era Kirchner.
Publicado el 11.10.2015
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El próximo domingo 25 de octubre se realizarán las elecciones presidenciales en Argentina, y terminará oficialmente el “reinado” del matrimonio Kirchner que ha dirigido el país desde 2003. En medio de una “situación económica delicada”, según el Fondo Monetario Internacional, un crecimiento de 0,1% este año y 0% el próximo, Cristina Fernández de Kirchner, apostará a mantener su legado con el oficialista gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli.

En la vereda del frente están el empresario, ex presidente de Boca Juniors y alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, y el diputado ex kirchnerista Sergio Massa, quienes se podrían unir contra Scioli en una eventual segunda vuelta. Y es que las últimas encuestas del diario Clarín muestran a Scioli en primer lugar con 35,1%, con una ventaja de 10 puntos sobre Macri (25,6%), y seguido por Massa con el 19%.

Para analizar el escenario  electoral a poco menos de tres semanas de las elecciones, “El Líbero” conversa con el influyente columnista del diario La Nación de Buenos Aires, Carlos Pagni (en la foto). Carlos Pagni, columnista

-Argentina ha sido gobernada en los últimos 12 años por el Kirchnerismo. ¿En qué condiciones políticas, económicas y de respaldo popular llega esa alianza de Gobierno a las elecciones presidenciales del 25 de octubre?

-El kirchnerismo llega bastante bien a las elecciones, si se consideran los antecedentes argentinos: en general los gobiernos dejaron el poder en medio de grandes crisis. Sucedió con Alfonsín en 1989 y con De la Rúa en 2001. Menem también tuvo un desgaste muy grande, aunque no un colapso. La imagen positiva de la presidente supera el 40%. Si bien no tiene la potencia electoral de hace cuatro años, cuando obtuvo el 54% de los votos. Ni siquiera el de hace ocho años, cuando ella sacó casi 45%. Uno de los factores que explica ese debilitamiento es que hace tres años la economía no crece. Y en 2013 se produjo una secesión encabezada por el ex jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, Sergio Massa, que achicó la base electoral oficialista.

-En su última columna Ud. afirmó que “el debate presidencial será recordado por el atril vacío de Daniel Scioli. Imposible saber si alguien ganó. Seguro perdió Scioli”. ¿En qué se traduciría esa pérdida?

-Scioli dejó la impresión de ser un candidato que no puede dar cuenta de su plan de gobierno. El costo es doble. Por un lado, porque expresa una continuidad subliminal con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner que tuvieron dificultades enormes para rendir cuenta de sus decisiones, sobre todo ante la prensa; además de aversión a dialogar con otras fuerzas políticas. Por otro lado, existe una demanda creciente de explicación que deriva de las incertidumbres económicas. Y Scioli confirmó que tiene limitaciones para satisfacer esa demanda.

-¿Cuáles son los temas más relevantes que han estado presentes en la campaña presidencial?

Disfunciones de la economía: inflación, aislamiento internacional, restricciones cambiarias, etc. Inseguridad y narcotráfico. Y cómo evitar un ajuste sobre quienes reciben prestaciones sociales del Estado. Hay un déficit llamativo en los temas de calidad institucional, más allá del debate por el fraude electoral en las elecciones provinciales de Tucumán.

-El sistema de elecciones de Argentina da como ganador en primera vuelta al que logre 40% de los votos y saque más de 10 puntos de diferencia del segundo, o al que alcanza el 45% de los votos sin importar la diferencia con el segundo. ¿Puede Scioli lograr esas cifras en primera vuelta?

-Es posible que pueda ganar con la primera ecuación. Es su objetivo. Pero ninguna encuesta hace prever que pueda ganar con la segunda.

-¿Sería posible una alianza entre Macri y Massa en una eventual segunda vuelta contra Scioli?

-Es lo más probable, más allá de las rivalidades crecientes entre ambos.

¿Qué tan difícil es derrotar a un gobierno que le entrega algún tipo de beneficio económico a casi la mitad de la población argentina? ¿Es factible políticamente hacer cambios de mayor eficiencia en ese sentido?

-Es uno de los interrogantes más interesantes que plantea este tipo de experimento populista, basado en un boom de consumo. ¿Se lo puede derrotar o quienes se le oponen deben esperar a su derrumbe por el deterioro de sus bases económicas? En Brasil se produjo la segunda opción. En la Argentina todavía no está tan claro. Pero Brasil puede ser un espejo que adelanta. Es decir: si gana el oficialismo en la Argentina se verá obligado a hacer un ajuste sobre sus propias promesas. Por supuesto es posible mejorar la asistencia del Estado. Se requiere de voluntad política. Tal vez el próximo gobierno esté obligado a hacerlo por otro motivo: la falta de recursos obliga a una mayor eficiencia.

-¿Qué cambios en política exterior cree que haría Scioli de ser Presidente, por ejemplo, seguiría ligado al eje Venezuela-Bolivia-Ecuador, y cómo sería su relación con Chile?

-La Argentina va a necesitar financiamiento e inversión internacional. Por lo tanto, con Scioli o con quien sea, deberá tener una relación más amigable con quienes pueden proveer esos recursos. La asociación con el eje bolivariano sería contradictoria con ese objetivo. Y obligará a un mejor vínculo con los Estados Unidos y Europa. Debería pensarse que la relación con Chile también mejorará por las razones anteriores. Habrá que ver qué creatividad tiene la próxima diplomacia argentina para no agotarse en la buena vecindad y dotar de un programa a esas relaciones.

-Scioli fue vicepresidente de Néstor Kirchner. ¿Cuál es su perfil político con respecto al de Cristina Fernández?

-Es muy distinto. Scioli es un pragmático y no parece ser un reformista. Es decir, no da señales de querer cambiar la ecuación de poder con la que le toca manejarse. Los Kirchner han sido dirigentes con una carga ideológica tan fuerte como anticuada. Scioli carece de formación política. Se incorporó a esa actividad como una especie de celebrity capaz de aportar popularidad a un aparato preexistente. Los Kirchner han hecho política desde la juventud. Y han tenido, cada uno a su modo, interés en construir su propia estructura de poder. En cambio Scioli ha decidido no tenerla. Los Kirchner, sobre todo Cristina, han sido fóbicos al consenso. En cambio Scioli es fóbico al conflicto.