"Esperé de su pluma una columna sobre cómo vio un ex comunista, desde el deslumbrante París, esa marea inmensa de alemanes que derribaron el Muro de Honecker para disfrutar esa misma libertad que Joignant tuvo en Francia", dice el escritor en artículo enviado hoy a "El Líbero".
Publicado el 14.11.2014
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Joignant y su invitación a callar

Desde que publiqué Detrás del Muro, me pregunté cuándo surgiría la invitación pública de un ex comunista a guardar silencio sobre mis años en la Alemania Oriental (RDA). Y apareció Alfredo Joignant, quien solía enfatizar la importancia de los derechos humanos en un programa de tv dominical. Ahora critica en La Segunda a mi persona enarbolando su condición de ex comunista, que tiene a bien omitir en su biografía de cientista político de la UDP. Lo notable: durante el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín, la mayor epopeya mundial de libertad desde 1945, para Joignant lo condenable no son los centenares de asesinados y miles de encarcelados y torturados por causa del Muro, sino mi condena de ese Muro. Curioso: el tema ahora no es el de la violación sistemática de derechos humanos bajo la RDA, sino la ruptura mía con el comunismo.

Joignant me critica por exigir a la izquierda chilena que condene los socialismos reales. Asevera que ella se distanció hace mucho del socialismo y no tiene por qué dar explicaciones. ¿Habrá visto Joignant cómo la Presidenta de la República, máxima líder de la izquierda chilena, redujo hace poco en Berlín su visión del estado de la RDA a la gratitud que siente por la acogida allá recibida? ¿Y habrá visto a líderes de la Nueva Mayoría felicitando a Raúl Castro por los 55 años del régimen comunista? ¿Y habrá notado que el PC chileno siente nostalgia por la RDA y la URSS pre Gorbachov, aplaude a Corea del Norte y ve en Cuba un ejemplo de democracia? O para Joignant todo eso no conforma la izquierda chilena o lo que la izquierda apoya ya no es socialismo real. Al menos una de las dos afirmaciones falla en la lógica del académico.

Por otra parte, Joignant me perdona magnánimo que yo haya roto con la causa comunista, pero se arroga el derecho de fijar límites a mi evolución política. No puede ser que quien abrazó a los 17 años una causa totalitaria de izquierda, se pueda alejar tanto de ella, reclama indignado Joignant. ¿Tal vez, a su juicio, yo debí haber pasado de las JJCC a la JS o la juventud del MIR, o hubiese preferido un tránsito mío a la juventud del PPD o PRSD? ¿Y me hubiese visado militar en la JDC, o ésta es ya demasiado derechista para su paladar? ¿Tal vez habría tolerado un tránsito mío hacia MEO o Velasco, o tampoco le habría gustado? Notable cómo el autoritarismo progresista se permite indicar los “rebaños” políticos aceptables para un ex joven comunista. Es como si yo escribiese una columna indicándole a Joignant hasta dónde podría él evolucionar tras alejarse del comunismo. Curiosa práctica democrática.

Hay que mantenerse alerta con intromisiones de este tipo en un país donde hemos tenido una dictadura y antes de eso un gobierno integrado por ideólogos “iluminados” que dividieron a Chile entre lo aceptable e inaceptable, entre los buenos y los malos, entre los que tenían una visión científica de la realidad y quienes eran despreciables reaccionarios. Curioso: Joignant se arroga el derecho de fijar el sistema de ideas dentro del cual me debo mover por el hecho de que ambos integramos (yo: hace cuatro decenios) las JJCC. Fascinante el canon ideológico y la categorización de opciones que osa imponerme como ciudadano de país democrático. Para Joignant, carezco incluso del derecho a ser liberal en lo valórico y económico después de haber conocido y roto con el comunismo. ¡Qué visión progresista más tribal! Joignant reparte etiquetas y tarjetas amarillas y rojas, y ubica como acomodador de teatro a la gente en lo que deben ser sus butacas ideológicas, y decide por mí, cual señor feudal, en qué ámbito de ideas debo permanecer.

Supongo que para Joignant, que admite que no conoció la RDA ni leyó mi libro, pero habla sobre ambos, la experiencia del socialismo se redujo a sesudas lecturas parisinas de Marx, Althusser y Harnecker, entre el humo de Gauloises y aroma a café au lait. Por desgracia, mi experiencia en el sueño de Marx devenido pesadilla fue más práctica: conocí la pobreza, la escasez y la falta de libertad en Cuba, y el agobio, la tristeza y el encierro de la RDA. Perder años de vida leyendo, bien apoltronado, textos utópicos que desembocaron en pesadillas para otros no es lo mismo que vivir en carne y hueso esas pesadillas. Para el primero, la experiencia se reduce a un set de lecturas mal seleccionadas, para el segundo queda como un tormento eterno. Para el primero se trata de pasar a otras lecturas, para el segundo de ver cómo rehace su vida si recupera la libertad. Esa es la diferencia entre leer sobre socialismo y vivir en el socialismo. Goethe decía: “grau ist jede Theorie” (gris es toda teoría). Me temo que, por su formación libresca, Joignant poco habló con gente que fue encarcelada en la RDA, apartada de sus hijos por “traicionar” el socialismo o expulsada de la U por discrepar de la ideología oficial, o que perdió a un familiar en el Muro, o le requisaron sus bienes por cruzar la franja de la muerte que protegía el socialismo real que conocí.

Para Joignant, la persona que fue comunista cuando estudiante, conoció el comunismo y rechaza por lo mismo dictaduras de izquierda y derecha, y abraza el liberalismo, es sospechosa. ¿Le merece acaso más confianza aquel progresista que apoya a la tiranía de Corea del Norte o la dictadura de los Castro en Cuba? ¿No le merece mínimo reparo un progresista que sufrió cárcel y tortura en la dictadura de Pinochet, pero sólo expresa gratitud hacia la dictadura de Honecker, que encerró a 17 millones de personas por 28 años detrás del Muro?

Por último Joignant me acusa de ser incapaz de ver los muros del capitalismo. ¿De dónde lo sabe? ¿Por qué para el 25 aniversario de la legendaria y crucial caída del Muro que conocí, no puedo hablar del significado de ese muro? Hay varias argucias de quienes no desean que uno hable en estos días del Muro y sus muertos: La primera: no seas mal agradecido. La segunda: hay muuuchos muros, hablemos primero de los que quedan. La tercera: eso ocurrió hace mucho, miremos hacia el futuro. La cuarta: ¡pero qué resentido este escritor! La quinta: déjalo, como escritor no te conviene, la cultura la maneja la izquierda.

En estos días en que el mundo conmemoró la caída del Muro, me habría encantado conocer la opinión de Joignant sobre los alrededor de 200 alemanes de la edad de sus estudiantes que fueron acribillados en la franja de la muerte; sobre la orden de disparar también contra mujeres y niños vigente en la RDA; sobre el hecho de que los asesinos eran ascendidos pues integraban un regimiento con permiso del partido para tirar a matar contra sus ciudadanos; sobre las cárceles paralelas al sistema judicial que mantenía la STASI; sobre los 900.000 soplones del estado socialista, o sobre las memorias del presidente alemán, Joachim Gauck, quien detalla su tormento en la RDA, que se inició con el secuestro y condena de su padre a 50 años de trabajos forzados en Siberia.

Sé bien cuán arduo y riesgoso es romper con el comunismo, como lo hizo Joignant y como lo hice yo, y sé lo duro que es perder sus redes de apoyo y amigos, y recibir los ataques que te propinan intermediarios, a veces anónimos, a veces con nombre y apellido, por criticar el comunismo. No es fácil la vida en Chile cuando uno rechaza a dictaduras de izquierda y derecha. Sé que por eso algunos envían a los ex camaradas mensajes aclarando que rompieron, pero “no tanto”, que se fueron pero están cerca, que pueden contar con ellos y que no criticarán al partido. Es una opción válida y cómoda: Rompo pero callo. Yo rompí y, como intelectual, relato esa experiencia de haber conocido dictaduras de izquierda y derecha.

La opción mía es diferente y tiene costos y exige coraje civil, y es ética: Desde que renuncié en Cuba, en los 70, a las juventudes comunistas de Chile, sentí el deber moral de compartir mi experiencia con los jóvenes para que su idealismo no sea utilizado por totalitarismo alguno. Esa profunda diferencia de opciones y caminos entre Joignant y mi persona le impide entender a él mi ruptura radical y la claridad de mi lenguaje y condena.

Después de verlo mencionar tanto los derechos humanos en la tv, esperé de su pluma una columna sobre cómo vio un ex comunista, desde el deslumbrante París, esa marea inmensa de alemanes que derribaron el Muro de Honecker para disfrutar esa misma libertad que Joignant tuvo en Francia.

Confío en que el 2019, cuando se conmemore el 30 aniversario de la caída del Muro y ya nadie se acuerde de mí, Joignant descubrirá cuál es el tema crucial de ese día. No será la ruptura honesta y definitiva de un anónimo estudiante con la causa totalitaria que abrazó con 17 años, sino la magna epopeya de libertad de millones que barrieron con el comunismo para tener derecho a abrazar la causa que su conciencia les dictase. Una conciencia libre de los comisarios que imponen los dogmas que se han de repetir y el rebaño al cual se ha de sumar.

 

FOTO: PABLO OVALLE ISSASMENDI/ AGENCIAUNO