Los trabajadores aseguran que están preparados para una huelga de 60 días, ya que no ceden en sus pretensiones de obtener un bono de $25 millones, entre otros beneficio. El abogado Cristián Aguayo advierte que la realidad de la minería cambió, pero que los líderes sindicales mantienen posturas extremas.
Publicado el 10.02.2017
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Ayer comenzó la huelga legal indefinida en la minera Escondida -la más grande del mundo y que produce casi el 1% del PIB de Chile-, y los trabajadores advirtieron que están preparados para estar paralizados al menos durante dos meses.

“Estamos preparados para 60 días. Ahora estamos armando nuestro campamento, cocinas. Le respiraremos en la nuca a la empresa. Juntamos $250 millones entre todos los trabajadores para no tener que pedirle fiado a la señora del negocio de la esquina”, dijo Patricio Tapia, presidente del sindicato.

Las posturas entre la empresa y trabajadores no pudieron llegar a acuerdo porque las diferencias económicas son muy relevantes. Los empleados exigen un reajuste salarial de 7%, un bono de término de conflicto de $25 millones y la mantención de todos los demás beneficios, en un contrato con una duración máxima de 36 meses. La compañía, en cambio, ofreció un bono de $8 millones, reajuste cero y la revisión de parte importante del contrato vigente, con una duración de 48 meses (el máximo permitido).

En medio del conflicto están las empresas contratistas de Escondida, varias de las cuales son representadas por el abogado laboral Cristián Aguayo Mohr,  del bufete “Aguayo-Ecclefield & Martínez”, quien analiza para “El Líbero” el conflicto.

– ¿Durante la huelga la minera no les paga a los contratistas?

-Eso depende de lo establecido en los contratos comerciales. Habitualmente las empresas grandes o medianas establecen que en el evento que suceda algo como esto, y como no es atribuible a su gestión, igual les sigan pagando.  No obstante, en la práctica a los trabajadores tienen que darles alguna explicación y aunque les paguen remuneración no podrán darles trabajo. Lo que hacen algunas empresas es acordar vacaciones o capacitaciones para que las jornadas pactadas se cumplan.

– ¿Hay riesgo de que los subcontratistas puedan perder su empleo?

-No, pero teóricamente podría ser cuestionable para el empleador que no le cumpla con el trabajo ofrecido. Cuando termine la huelga deben estar disponibles para comenzar de inmediato.

– ¿Por qué se ha llegado a esta huelga?

-Porque la realidad que enfrenta la minería desde hace un par de años es muy distinta. Está en momento muy complejo. Los trabajadores de la minería están acostumbrados a acuerdos económicos bastante importantes, y la realidad de la minería no permite seguir manteniendo ese estándar. El elemento principal es la aceptación de esta realidad de parte de los trabajadores. Las mineras no pueden mantener las remuneraciones y los beneficios que entregaban antes.

Abogado: “La realidad de la minería no les permite a las empresas mantener esos estándares de remuneraciones y beneficios porque han bajado sus ingresos”

– ¿Por qué los trabajadores no han hecho ese ajuste de expectativas ante la nueva realidad del cobre?

-Es natural entender que gente que se esfuerza y hacen un trabajo de desgaste importante tengan la sensación de que el pago debe ser acorde a eso. Es comprensible, pero lo que ocurre es que la realidad de la minería no les permite a las empresas mantener esos estándares de remuneraciones y beneficios porque han bajado sus ingresos. Es entendible el sentimiento de los trabajadores pero contrasta con la realidad económica del sector.

-Los líderes sindicales dicen que pueden aguantar una huelga durante 60 días.

-Una huelga de esa cantidad de días para una minera trae consecuencias bastante graves. Es lamentable y las posturas se ven bastante lejanas.

– ¿No es más conveniente para la minera pagar lo que piden y evitar el daño de parar 60 días?

-El costo de los beneficios que se establecen en una negociación colectiva se proyecta a lo que dura el contrato colectivo. Mientras dure la huelga los trabajadores no reciben remuneración, y ahí está el juego de quién resiste más. Es absolutamente nocivo para la empresa y el trabajador.

-Uno de los líderes sindicales estuvo 26 días en huelga de hambre. ¿Cómo se negocia con dirigentes así?

-Lo que he visto en otras huelgas, en general, es que los líderes sindicales tienen una postura bastante extrema en sus planteamientos. En este caso, llegar a huelgas de hambre manifiesta cuál es la disposición frente a una negociación. Al radicalizar la postura se influye en las bases y en los trabajadores que representan. Es difícil acercar posiciones cuando hay posturas tan radicales.

Abogado: “Lo que he visto en otras huelgas, en general, es que los líderes sindicales tienen una postura bastante extrema en sus planteamientos. En este caso, llegar a huelgas de hambre manifiesta cuál es la disposición frente a una negociación”

– Esta paralización se hace bajo la ley anterior a la reforma laboral del Gobierno que comenzará a operar el 1 de abril. ¿Qué diferencias habría entre ambas legislaciones?

-Que en futuras negociaciones no será posible el reemplazo en huelga, aunque en este caso Escondida no utilizó ese mecanismo. Actualmente se puede reemplazar a los trabajadores desde el primer día de la huelga. El otro elemento importante en la nueva regulación es que el empleador tiene que ofrecer las mismas condiciones que había en el contrato que se extingue, situación que hoy no ocurre. La ley actual permite ofrecer lo que se quiera y no un piso mínimo.

– ¿Con la nueva ley habría que partir por dar el mismo bono de la negociación anterior?

-No, el piso de la negociación exceptúa el bono de negociación, eso no cambia, pero los beneficios sociales en el contrato entran como piso mínimo. Es una gran diferencia en relación a lo que la ley permite, que es responder de acuerdo a la actual realidad de la empresa. Eso será muy relevante para el acuerdo al que llegue minera Escondida, porque será el piso mínimo en la siguiente negociación. Otra diferencia es que la ley actual permite al empleador extender los beneficios a los trabajadores no sindicalizados,  facultad que quedará en manos del sindicato.