Las 34 principales economías del mundo han optado por bajar los gravámenes corporativos (tendencia de moda en EE.UU. y Francia), pero nuestro país va en la dirección opuesta. Además, con la reforma tributaria de Bachelet, Chile se ubicó en el segundo lugar del ranking en carga tributaria de las compañías como porcentaje del PIB.
Publicado el 03.05.2017
Comparte:

Subir los impuestos a las empresas fue una de las principales promesas de campaña de la Presidenta Michelle Bachelet, para lo cual diseñó e implementó una reforma tributaria que sube los impuestos a las empresas del 20% al 27%, y modificó toda la estructura impositiva del país.

La Mandataria justificó su polémica reforma en que “Chile tiene una carga tributaria baja, aún si se la compara con países desarrollados al momento de contar con un PIB per cápita similar al que nuestro país tiene en la actualidad”.

“Las modificaciones que aquí anunciamos, con una elevación de la carga tributaria de 3 puntos del PIB, comienzan a cerrar esta brecha, quedando aún por debajo del promedio de los países de la OECD, al momento en que contaban con nuestro actual PIB per cápita”, afirmó Bachelet en su programa de gobierno.

Chile, con la segunda carga tributaria proveniente de las empresas más alta de la OCDE

Sin embargo, ese es un “diagnóstico equivocado”, asegura el investigador del Instituto Libertad y Desarrollo (LyD), Francisco Klapp, porque si bien presentaba antes de la reforma una tasa marginal máxima a las empresas algo menor que los países OCDE, los gravámenes efectivamente pagados por las empresas representan en Chile una fracción mayor de la recaudación -y porcentaje del PIB- que en prácticamente todos los países de la OCDE.

De hecho, antes de la reforma ya estaba en el tercer lugar de los 35 países miembros, solo superada por Noruega y Australia. Ello, porque el 4,8% del PIB de Chile se recauda con los tributos corporativos, mientras la media OCDE es de 2,9%. Cuando los países del grupo tenían rentas per cápita de US$20 mil, la media bajaba a 2,6%.

Esta situación “resulta problemática pues, como está bien documentado en la literatura tanto teórica como empírica, el impuesto corporativo es el más dañino para el crecimiento y la inversión”, señala el investigador Klapp.

Chile, el único país de la OCDE que ha subido los impuestos a las empresas

El tema impositivo ha vuelto al debate chileno y mundial por la decisión del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de bajar drásticamente los impuestos corporativos de 35% a 15%, como una forma de reactivar la economía y las inversiones. El candidato presidencial francés, Emmanuel Macron, propone también bajarlos del 33,5% al 25%.

Y es que ambos siguen una tendencia generalizada de todos los países OCDE -salvo Chile-, que desde 1998 han bajado los impuestos a las empresas.

Alemania es el país que más ha reducido los gravámenes, llegando a -25,9% puntos, seguido de Irlanda y Eslovaquia con -19,5% y -19%. Polonia, Japón, Canadá y República Checa también lo han reducido entre -17% y -16%. (Ver infografía al final del artículo)

El país OCDE con menor impuesto es Hungría, con el 9%, que lo bajó en noviembre del año pasado. Su primer ministro Viktor Orbán justificó la reducción en que requiere atraer inversión extranjera, crear empleos de calidad y conseguir una mayor recaudación fiscal a través del aumento de las bases imponibles.

“Mientras en Chile se ha optado -no solo en esta reforma tributaria sino incluso antes- por ir sistemáticamente elevando la tasa del impuesto corporativo, en la OCDE se ha ido en la dirección opuesta. Esto, porque se reconoció -acertadamente- que el impuesto corporativo es uno de los más nocivos para el crecimiento y la inversión”, afirma Francisco Klapp.

El economista agrega que EE.UU era el único país OCDE, junto con Chile, que prácticamente no había rebajado su impuesto corporativo en los últimos 20 años.

A su  juicio, el próximo gobierno, “si realmente está comprometido con recuperar un mayor crecimiento, tendrá que ineludiblemente enfrentar esta realidad. Tarea nada sencilla considerando las holguras negativas que ha dejado el actual gobierno, los importantes déficits y la creciente deuda pública. En este contexto, racionalizar el gasto público resulta imperativo para poder normalizar nuestra tasa de impuesto a las empresas y volver a hacerla competitiva”.